sábado, 15 de noviembre de 2008

Poesía XXXIII


 

Mis noches

 

En noches de soledad me quedo conmigo, con mis ausencias doradas,

quizá te espero, quizá me muero un poco para recordar lo hermoso de la vida.

Recorro el camino desde el comienzo mirando los baches de silencio,

me siento en medio de las sombras a sentir quien soy de todas formas.

 

En noches de olvido el frío me abraza desde siempre,

no sé como es, pero lo siento, lo conozco y no lo entiendo.

Los restos de un mundo arrasado se ven como en un film pasado,

todo es gris y muerto, recuerdos ausentes de espaldas sin alas.

 

En noches de melancolía el pasado intenta rasgarme los pies,

una llama intensa quiere purgar mi alma quemando mi ser concreto.

El cielo que se une al horizonte puede ser muy dulce

y el eco de lo que pasó aunque duela ya no existe.

 

En noches de amor la luz se apodera de todo,

mi cuerpo se eleva, estalla, danza libremente sobre tu cuerpo vivo.

La alegría y el silencio son tan grandes que no hay pensamiento,

hay vuelo, hay visión y claridad, hay verdad, un solo estado y presente.

 

En noches de sueños el mundo tiene colores brillantes,

el cielo no tiene límites, el mar está calmo esperándome y viajo.

Todo fluye y funciona, la alegría está en los rostros que me miran

porque sueño que el mundo es ideal… ¿y por qué no?

 

Mis noches contigo son otra cosa…

 

Son imposibles posibles, deseos que crecen, alegría silenciosa,

estados alterados sin poder atravesar cristales, son vuelos invisibles,

horas sin medidas en un espacio partido frente a mí,

construcción posible de un mañana sin cálculos,

viviendo el presente que nos toca sin tocarnos.

 

Pablo Rego - ©2008

lunes, 10 de noviembre de 2008

Poesía XXXII


 

Recuerdo de la oscuridad pasada

 

Hieren mi luz los fantasmas de mi ser más primitivo, viven en mí,  latiendo y esperando el alimento que los sacuda y los despierte.

 

Imagino el sol, los verdes y los colores fuertes de las flores,

el mar, algo blanco y luminoso, la paz, el silencio,

se imaginan en mí seres oscuros, mi propia oscuridad, lo inesperado, lo insoportable,

el dolor que desprende los anclajes del puente mágico, el desconsuelo.

 

No existen los motivos para dejar ser a esos fantasmas,

sin embargo aparecen porque están, me avisan, me recuerdan que una vez fui un ser guerrero,

quizá un sangriento luchador, quizá un hermético soldado;

La sangre no me es extraña, ellos me lo recuerdan.

 

Mis ojos ahora ven con claridad lo que ven.

De donde vienen mis recuerdos no es al sitio al que voy,

el amor es mi bandera, la mano abierta, la tierra libre, el sol.

Floto sin armaduras y sigo los latidos que susurran aires nuevos.

 

Pero ellos están ahí, porque me habitaron una vez, porque fueron gobierno de mí,

con sus obras y sus actos, con sus olvidos y su derrota.

Les recuerdo quien soy ahora, me lo recuerdo, no les gusta y me alertan:

  Soy guerrero, pero de la libertad, desde la libertad para lograrla…

 

No se olviden.

 

Pablo Rego - ©2008