sábado, 11 de abril de 2009

Poesía XXXV


 

Puertas abiertas.

 

Me fui dejando un rastro de mí,

papeles volando como pájaros huérfanos

saliendo por la puerta abierta al aire nuevo,

al sueño, al deseo.

 

Me fui, quitando los cuadros de los muros,

dejando las marcas en las grises paredes

que ya no quería ver,

mirando hacia adelante en el camino,

atravesando parques y avenidas.

 

El destino es un dibujo que ignoramos hasta ser,

somos trazo de un lápiz que nos sigue,

que dibuja bajo nuestros pies.

Somos el vuelo del día de una mariposa

y el largo recorrido a pie del elefante.

Somos tormenta, a veces tempestad,

somos brisa y rocío, aurora y libertad,

umbrío rincón y también pena.

 

Me fui dándole la espalda al pasado…

o el pasado se quedó detrás d mí,

me fui siguiendo el horizonte como siempre.

 

Y siempre llega la noche,

al fin llega el silencio que tarda en llegar,

siempre soy con mis recuerdos y mis rumores,

con mis imágenes intactas de niño soñador e ingenuo.

 

Me fui para seguir, y llego al sitio al que nunca llego,

estoy en un espacio que no imagino,

en un tiempo que no comprendo,

en un olvido de casi todo,

en un incierto pleno de vida real.

 

Regreso amnésico de andar

a mi refugio conocido;

Estos dedos bailando sobre las letras,

estos ojos cansados de mirar,

este pecho caliente y explosivo

que me abraza por dentro sin hablar.

 

Vivo, al fin,

viendo que las sombras y las luces salen de entre los huesos,

que aquello que era y es

se amontona en una idea de mí que yo no tengo y me posee.

 

Vivo sin otra intención que vivir,

sin otro sueño que seguir soñando,

sin más deseo que seguir amando

levemente,

sin razón.

 

Pablo Rego - ©2009