sábado, 29 de agosto de 2009

Poesía XXXIX


 


No te metas (v1.1)


 


Si tus ojos deforman el cielo y las estrellas,


suelta la cometa y goza de la oportunidad de tener tu propia vida.


La distracción puede llevarte a un paraje lejano en el que olvides quien eres


y luego de indagar en los mundos que no entiendes


te habrás perdido en laberintos ajenos


de los que nunca sabrás como salir.


 


Si crees que lo sabes, permítete la duda,


quizá existe un iceberg que nadie te contó


o la montaña es alta y las cumbres borrascosas.


El sol y las estrellas pueden verse del revés,


y las palabras que no escuchas tal vez callan lo que la consciencia sugiere.


 


Nuestras puertas sensibles se abren por presencia o ausencia de la voluntad,


por necesidad y también por descuido de las formas y de los límites;


Las moscas entrarán por tu ventana ante el descuido;


saborea el silencio sagrado que diferencia al ignorante del sabio,


deja que el tiempo pase y verás la realidad sin que nadie te la cuente.


 


Abraza, escucha, tolera, entiende,


Si malgastas el magnánimo don del habla para alimentar inquietudes,


desperdicias la oportunidad de comprender para aportar ruidos ausentes,


te entretienes engordando miserias y dolores ajenos:


No serás mejor persona, no podrás crecer.


 


Mira lo que ves,


lo que no está frente a ti no está para ti,


pero no prejuzgues la ausencia.


Quizá exista una realidad conformada por  tu ignorancia


porque tu árbol no te cuenta lo que hay en el resto del bosque.


 


Pablo Rego - ©2009


lunes, 10 de agosto de 2009

Poesía XXXVIII


 


He de haber sido.


 


No recuerdo haber estado,


pero tengo para mí que mucho he fallado,


de algún profundo abismo temporal


llegan a mí castigos que yo mismo habré impulsado.


 


Ojos, ojos que miran horrorizados mi silencio,


manos calientes que acarician navajeantes mi cuerpo tibio,


eternas y olvidadas frases que persiguen mi espalda dolorida,


ecos de ultravida que atraviesan los nacimientos y las muertes para hablar.


 


He de haber me equivocado mucho y no lo ,


he de haber comido carne humana, colgado niños en las plazas,


he de haber comido corazones vivos y arrancado los ojos a las niñas,


he de haber salido a los balcones para arrojarme desde allí una y mil veces.


 


Más de cien soles habrán dibujado mi sombra,


quemado mis pies y mis alas, resecando mi alegría y las lágrimas del tiempo,


mil reflejos de futuro se escondieron tras las rejas de los años,


siempre el tiempo es quien regresa remarcando unas líneas sin memoria.


 


Patéticas señales de este tiempo me recuerdan algo que sospecho,


la sangre de la daga entre mis dedos, el chasquido del látigo en sus cuerpos,


el amargo fondo de los huesos derramándose en mis tripas,


y las lágrimas, siempre muchas, siempre amargas.


 


No recuerdo bien si algún camino tenía esas señales o las tiene,


no recuerdo si andaré perdido o si esta vida es un futuro,


no recuerdo ya algún sueño florido y distendido,


ha de ser porque alguna vez, en algún tiempo,


mi alma se olvidó de todo signando así mi último destino para siempre.


 


Pablo Rego - ©2009