domingo, 8 de marzo de 2015

Mujer, madre, tierra (Poesía LVIII)

Aunque el estilo de este poema no es el que más me satisface ahora, estos versos son la manifestación de algo que una vez comprendí y que me llevó a explorar un lugar que el mundo occidental ha ignorado. Harto del mundo de los hombres (incluido el masculino que crean las mujeres) recuerdo cómo el poder de la vida -mientras esperaba el nacimiento de mi segunda hija- me demostraba la necesidad de conocer y reconocer lo femenino como parte fundamental de mi ser, de la humanidad y de la creación universal.
Pablo Rego 

Mujer, madre, tierra

El camino de lo nuevo,
la mágica semilla
de la sabiduría eterna
y el nacimiento.

Luz, calor, suelo
compuestos de amor,
abrigan al nuevo mundo
sobre la eterna esfera.

Los obreros del odio,
impotentes, obtuvieron
sus confusas cosechas
con espadas y martillos.

Una oportunidad a la paz
es lo que no supieron dar,
siendo, la imagen de la muerte,
su estandarte primitivo.

La espléndida semilla crece
en el histórico vientre,
y mientras sube la ola
bebo la miel de sus pechos.

Para renacer hay que nacer,
recrearse, volver a aprender,
reconstruir el día y la noche
y la fascinación de la aurora.

La nueva era, la vieja tierra,
la sabiduría, la percepción,
la paz, la luz, la serenidad,
la madre creadora de la vida.

Adoro las suaves curvas
y su significante encanto.
Fundido en la esencia femenina
me invade la percepción.

Mi esperanza está en ti,
mujer, madre, tierra
y en tu sabiduría eterna
de ojo que hace nacer.


Pablo Rego – ©2001

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