sábado, 23 de mayo de 2015

La visita del maestro (poesía LIX)






                    Para Bautista      
                (17/06/2011 – 23/05/2014)







Pocos en la vida como tú se cruzan en el camino,
llegando de alguna antigua y sabia estrella
con tu luz alumbraste los senderos y llenaste lo vacíos.

Te hiciste materia para mostrarnos su poder de estar e irte,
para enseñar que el tiempo no existe en realidad,
que un abrazo es eterno porque queda grabado siempre en el corazón.

Alma vieja, alma sabia, en un cuerpo que será siempre de ese pequeño,
con esa sonrisa, con esos ojos de claridad aguamarina,
inquietamente presente, profundamente verdadero, puramente real.

Tanta eternidad trajiste de tu viaje que mirabas desde el sol,
pasando días y noches de experiencias sin límites ni filtros,
dándolo todo por lo que es eterno; sin descanso.

Acudiste al llamado de unas almas con tu generosidad extrema,
ocupaste muchos sitios, te buscaron porque algo magnético se abrió,
estuviste entre nosotros, tan mortales y  tan vivos, tan intenso, siempre.

Las redes que se cruzan en el cielo se conectan con el origen de todo.
Ser luz en esa trama fue un destello extracorpóreo y etéreo
que la magia de las espirales del tiempo nos ofreció en imágenes indelebles.

Estuviste en esos días que se marcan en esta dimensión entre humanos,
pocos días para el corazón, para la luz toda una vida,
modificando el mundo, electrificando de amor todo a tu paso.

Pisando tus propios pasos que venías ya sabiendo,
tus manos siempre pequeñas construyeron el amor en los caminos,
alas en las sonrisas, fortaleza en los intentos.

La luz cristalina que no hubo que buscar detrás de nada
fue de la mano, jugando juegos, besando en la boca al destino,
y llenando de preguntas hasta a la última respuesta.

Puede que otros vengan, pero nadie a reemplazar tu sello único,
guerrero de la luz creando ejemplo de las formas virtuosas de la lucha,
enseñanza generosa de coraje, superhombre de las adversidades.

Todo fue tan breve en los tiempos de las mentes que no alcanzan a abarcarte,
tanto tiempo pareció un suspiro que el llanto no contiene,
tan real es aún hoy que ya te has ido.

Tu partida decidida dejó una estela de preguntas y abrazos vacíos,
te fuiste hablando tu lenguaje, haciéndolo hasta el final a tu manera,
dejando una inmensa gratitud en las almas, por haberte conocido.

Pablo Rego ©2014

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