jueves, 22 de febrero de 2018

Perro chino



Una sensación reconocida, aires, libres.

Partes de un solo ser que estaban diseminadas por quién sabe cuántos mundos
se atraen como gotas de mercurio que quieren volver a ser un mismo cuerpo.

Un andar hacia atrás, pero para adelante.

Conectándose los ciclos, como hilos que atraviesan agujeros invisibles,
van creando tramas de luz que suenan a vida, a verdad, a puertas abiertas.

La alegría de estar otra vez en casa.

Una y otra vez, la aventura no está afuera, en un salto inmaterial del corazón,
un soplo de estrellas que acarician la espalda creando magia en un interior perruno.

Una energía hija de la proyección del ser humano.

Pensamos perro, pensamos amor, amigo, fidelidad, honestidad,
un mundo que se torna de los justos y que justamente acaricia el lomo en lugar de golpearlo.

Un perro-humano, es recuerdo de miles de años.

La inspiración de grandes hombres trasciende a los pequeños dueños de la nueva China;
Un mensaje que bajó de las estrellas y viajó por nuestras almas desde entonces.

Recuerdo que soy lo que el perro representa.

Es el tiempo de reciclar y revivir aquella integridad que en cada ciclo se representa;
un andar confiado, dejando que la suma sume, que la jauría cambie un poco el presente.

Somos muchos perros chinos.

Una masa que encarna un sentimiento que reconocemos en la esencia.
Se abre la experiencia a todos, se abre nuevamente la puerta a la mágica dimensión.


Pablo Rego ©2018

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