
Pablo Rego ©2025
Publicaciones y creación literaria de Pablo Rego


Sé que hay un mundo allí afuera,
que otros hablan de lo mismo de siempre.
Creo que algo está cambiando, pero no sé qué.
Quiero pensar que puedo con todo,
pero intuyo lo contrario, ya no sé…
El agua se desborda y me inunda.
Flotar es imposible en mi interior.
Torrentes de recuerdos y visiones
colman, más allá de los sentidos,
mi visión del mundo.
Quiero decir que sé.
Quiero saber que estoy.
Quiero ser más allá de la luna,
pero el ser se funde atractivamente
con una vibración que parece infinita.
¿Será que todo siempre será así?
No veo con mis ojos de sol,
no puedo ver más allá.
Aunque sé que todo está
me siento sumergido bajo la superficie del mundo.
Es un trance que refleja lo infinito.
Lo oculto se mezcla con lo manifestado.
El amor, el placer, el dolor
son un río de matices que se mezclan
cambiando el color del río que me llena.
Hay una atracción, hay una luz y un fluir,
hay un llanto olvidado y exiliado
y un pedido de auxilio ahogado.
Hay un deseo de calidez en el amor
y la experiencia de estar solo en el universo.
Es un rato, es un día, una eternidad.
El recuerdo de múltiples historias,
de una y de todas las vidas.
El horizonte es testigo del paso de la luna
mutando sus colores y sus formas.
Cuando baja la marea vuelve la respiración,
Inspirado y deslumbrado, conmovido y alunado.
Todo sigue ahí, pero no es igual.
Yo estoy aquí, en una nueva realidad,
bañado por dentro y por fuera,
por la mágica muerte en la luz.
Renaciendo de entre las aguas,
nadando hasta las orillas de la respiración.
Otra vez, aquí.
Pablo Rego ©2025

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en uno de los motores de cambio más rápidos y profundos de nuestra época. Desde la automatización de trabajos hasta la influencia en nuestras relaciones personales, la IA se inserta cada vez más en los aspectos cotidianos de nuestras vidas. Este artículo explora las áreas en las que la IA ya está impactando y reflexiona sobre lo que esto significa para el futuro.
La IA se refiere a la capacidad de máquinas y sistemas informáticos para realizar tareas que antes requerían inteligencia humana, como el aprendizaje, la toma de decisiones y la resolución de problemas. Hoy, interactuamos con IA cada día: los motores de búsqueda que personalizan resultados, los algoritmos de redes sociales que deciden qué contenido nos muestran, o los asistentes virtuales como Siri y Alexa que responden a nuestras preguntas. Todo esto refleja una realidad: la IA ya está aquí y está transformando la forma en que trabajamos y nos relacionamos.
La automatización es uno de los efectos más visibles de la IA en el trabajo. Sectores como la manufactura, finanzas y servicios se han visto profundamente transformados por la capacidad de la IA para realizar tareas repetitivas con rapidez y precisión. Los robots en las fábricas, por ejemplo, pueden ensamblar productos con gran eficiencia, y en los bancos, la IA gestiona análisis de riesgos en segundos, lo que antes requería intervención humana.
Sin embargo, la IA también crea nuevas oportunidades laborales en áreas como la programación, la ciencia de datos y la ética. El desarrollo de la IA ha impulsado la demanda de especialistas en algoritmos y análisis de datos, y ha abierto el debate sobre los aspectos éticos de la tecnología, lo que ha originado nuevos roles en regulación y responsabilidad en el uso de IA.
La IA puede mejorar la productividad al liberar a los empleados de tareas repetitivas, permitiéndoles enfocarse en actividades estratégicas y creativas. Por ejemplo, en el marketing digital, los algoritmos analizan comportamientos de usuarios y diseñan campañas personalizadas. Sin embargo, esta tecnología también puede generar presión laboral, ya que las empresas pueden usarla para monitorear el rendimiento en tiempo real, lo cual afecta la privacidad de los trabajadores y eleva los niveles de exigencia y estrés.
La influencia de la IA va más allá del entorno laboral y llega a nuestras relaciones personales. Algoritmos de redes sociales, como los de Facebook o Instagram, seleccionan el contenido que vemos, creando lo que se conoce como "burbuja de filtro". Al mostrar solo lo que coincide con nuestras preferencias, la IA puede limitar nuestra visión del mundo y polarizar nuestras opiniones.
Las aplicaciones de citas como Tinder y Bumble también emplean IA para sugerir coincidencias, lo que puede hacer que nuestras decisiones estén influenciadas por algoritmos en lugar de ser completamente auténticas. Además, existen ahora asistentes de compañía virtuales, como Replika, que están diseñados para brindar apoyo emocional, una herramienta controversial que plantea la pregunta: ¿la IA puede reemplazar la conexión humana?
A medida que la IA se integra en nuestras vidas, también aumentan las preocupaciones sobre la privacidad. La IA se alimenta de datos personales para funcionar, desde nuestros hábitos en línea hasta nuestras preferencias en redes sociales. La recopilación masiva de datos plantea riesgos, ya que, si estos caen en manos equivocadas, pueden ser utilizados para manipularnos o controlar nuestras decisiones.
Además, los dilemas éticos se profundizan con el uso de IA en áreas sensibles como el diagnóstico médico o los sistemas judiciales, en los que la precisión es crítica, pero la intervención humana sigue siendo esencial. La pregunta de quién es responsable cuando una IA toma decisiones incorrectas aún no tiene una respuesta clara y plantea el desafío de regular esta tecnología.
El impacto de la IA varía según el grupo etario y el acceso a recursos digitales. Para niños y adolescentes, la IA en la educación permite una personalización que facilita el aprendizaje, especialmente para aquellos con necesidades especiales. Los adultos jóvenes, por su parte, encuentran en la IA una herramienta profesional y creativa, especialmente en áreas como el diseño y la producción multimedia.
Los adultos mayores enfrentan barreras de acceso, pero la IA también ofrece ventajas en su bienestar, como asistentes virtuales que les ayudan con recordatorios y tareas diarias. A pesar de esto, las barreras de acceso limitan su adopción, y muchos programas de inclusión digital están trabajando para cerrar esta brecha y garantizar que la tecnología sea accesible para todos.
La IA ha llegado para quedarse y su influencia en el trabajo y en nuestras relaciones es solo el comienzo de su impacto en la sociedad. Aunque trae consigo grandes beneficios, también presenta riesgos y dilemas éticos que deben ser abordados para garantizar un desarrollo responsable. La inteligencia artificial no solo está aquí, sino que continuará moldeando el futuro de nuestra humanidad. La pregunta es: ¿Cómo podemos adaptarnos y asegurar que esta tecnología complemente, en lugar de reemplazar, lo que nos hace humanos?
A continuación puedes ver el video completo en el que analizo en profundidad el tema:

El edadismo puede presentarse de maneras sutiles: comentarios sobre cómo una persona de cierta edad "debería" comportarse, ideas preconcebidas de que los mayores son menos adaptables, o que los jóvenes carecen de seriedad y compromiso. Esta discriminación puede aparecer en lugares de trabajo, en la atención médica y hasta en el lenguaje cotidiano, reforzando una mentalidad de exclusión que termina afectando tanto a jóvenes como a mayores.
Aunque a menudo se considera que el edadismo afecta mayormente a las personas mayores, muchos jóvenes experimentan barreras debido a la percepción de que carecen de experiencia o responsabilidad. Esta exclusión hacia los jóvenes, aunque menos evidente, puede ser igual de limitante, llevándolos a roles de menor responsabilidad o incluso a situaciones de precariedad laboral.
Para las personas mayores, este prejuicio puede afectar de manera directa su bienestar físico y mental. Al sentir que no pueden contribuir o que su experiencia no es valorada, muchas personas terminan interiorizando los estereotipos y dejando de lado actividades y metas que podrían mejorar su calidad de vida. En el ámbito laboral, el edadismo crea barreras para acceder a oportunidades, y muchas veces estas personas se encuentran excluidas de la capacitación y desarrollo profesional, lo que dificulta su permanencia en un mercado laboral cada vez más competitivo.
Para los jóvenes, el edadismo representa una limitación en su desarrollo profesional y personal. La falta de confianza y las barreras para avanzar a roles de liderazgo generan frustración, que a su vez puede afectar la estabilidad y la motivación en sus primeras etapas de vida laboral.
La solución al edadismo no es sencilla, pero la clave está en reconocer y replantear nuestras actitudes. Aprender a valorar cada etapa de la vida y evitar ideas preconcebidas sobre la edad permitirá construir una sociedad más inclusiva. Para empezar, podríamos reflexionar sobre el impacto que los comentarios y actitudes pueden tener en aquellos a nuestro alrededor, tanto mayores como jóvenes. Generar un ambiente de respeto y empatía en todos los ámbitos de la vida, incluyendo el laboral, nos ayuda a reconocer que todos los grupos etarios pueden aportar con sus propias fortalezas.
Este cambio también depende de que busquemos romper los estereotipos asociados a la edad, para que tanto jóvenes como mayores tengan la libertad de explorar sus propias capacidades y aspiraciones, sin miedo al juicio o a las limitaciones impuestas.
Para continuar explorando este tema y cómo se manifiesta en diferentes sociedades, puedes ver el video que acompaña este artículo.

Durante 10 años, estuve enfocado en crear contenido relacionado con el yoga y el bienestar a través de mi otro canal, Yoga Sin Fronteras. Pero como muchos, he pasado por momentos difíciles que me llevaron a reflexionar sobre mi propósito, sobre lo que realmente quiero compartir con el mundo. A lo largo de estos años, había aspectos de mi vida que no mencionaba porque sentía que no encajaban con la temática que estaba tratando. Pero esos conflictos, esos desafíos, están tan presentes en mi vida como lo están en la de cualquier otra persona.
Uno de los momentos clave que me llevó a este cambio fue mi reciente mudanza a España. A primera vista, podría parecer una experiencia emocionante, y en muchos aspectos lo fue. Pero también trajo consigo una serie de desafíos personales que me hicieron cuestionar muchas cosas sobre mí mismo y mi camino. Desde el sentimiento de estar en un lugar nuevo, hasta las luchas internas por adaptarme y seguir adelante, estos conflictos han sido una fuente constante de reflexión.
En este nuevo canal, quiero hablar de esos momentos. Quiero que este sea un espacio donde pueda compartir no solo mis éxitos, sino también mis luchas: las dudas, las veces que no supe qué hacer, y cómo esos momentos difíciles me ayudaron a crecer. Porque creo que todos pasamos por situaciones así, y compartirlas nos ayuda a sentirnos menos solos.
Si te encuentras en medio de un cambio, si estás atravesando un conflicto personal o simplemente te interesan las historias detrás de las personas, te invito a que me acompañes en este nuevo viaje. Este canal será un espacio de sinceridad y reflexión, donde juntos podremos aprender de nuestros desafíos y apoyarnos mutuamente.
Te espero en Pablo Rego, mi nuevo canal de YouTube, donde no solo hablaremos de bienestar, sino también de lo que significa realmente enfrentar los cambios y los conflictos de la vida.
¡Gracias por acompañarme en este nuevo capítulo!
Pablo Rego




El término "Carpe Diem" es famoso en nuestro tiempo gracias a su aparición reiterada y destacada en la película "La sociedad de los poetas muertos" Es es una frase atribuida originalmente al poeta latino Horacio (65 - 8 a. de C.), quien, en el primer Libro de las Odas, aconseja a su amiga Leucone: “Carpe diem, quam minimim credula postero”, que se traduce como: “Aprovecha el día de hoy; confía lo menos posible en el mañana”.
La película mencionada, en la que el protagonista Robin Willams interpreta al profesor Keating, contiene dentro de su profundo y hermoso libreto gran cantidad de las frases de un poema llamado "No te detengas" o "Carpe Diem" del que habitualmente se dice que fue escrito por el gran poeta norteamericano "Walt Whitman" (1819-1892), pero en la antología completa de Whitman llamada "Hojas de hierba" no puede encontrarse dicho poema; aunque sí a lo largo de la película en cuestión.
"Carpe Diem" (Aprovecha el día) ó "No te detengas"
No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,


por Pablo Rego | Contemplo silencioso el poder creativo de una artista que convoca con su piano a un público real mediante la virtualidad. Será el toque, la manera de atacar, será el sonido potente de sus manos sobre el teclado. La música es uno de los tantos misterios que los humanos hemos recibido como talentos o regalos divinos y cuando esa magia cobra vida colapsa la lógica de la mente.
La pianista abarca el teclado, lo
despierta de su aparente inmovilidad y le da la vida a través de una vibración
que anima a las cosas. El sonido, que entra y sale por los dispositivos
mediante una transmisión en vivo de una masiva aplicación de red social, es tan
curiosamente parecido al de un viejo grabador de cinta abierta que su
genialidad inspiradora de cada interpretación genera en mi mente una búsqueda
inconsciente de momentos felices que alguna vez fueron registrados en mi
memoria.
Pero es este sonido y no otro. Un
sonido de tangos en un piano. Un sonido que pasa por una estrechez tecnológica,
pero sin interrumpir la música. En este tiempo estamos todos un poco
enajenados, pero la artista se enajena de la enajenación en esos ratos de
interpretación magistral, casi divina, dando todo de sí; se nota que lo da.
Y quizá sea esa la pasión que
tenía mi viejo cuando tocaba sus tangos con tanta fuerza, como volando, porque
al tocar esos tangos de Di Sarli, de Fresedo o de Firpo que tanto le gustaban,
se revelaba contra las reglas elitistas de la interpretación de la música
clásica (que escuchaba día y noche en la radio en su taller) que tanto lo habían
torturado hasta convertirse en concertista solista en su adolescencia.
Ahora, la pianista crea un clima
íntimo, de teatro-living, en su casa, a través de una imagen pequeña, en donde
se ve la izquierda en la derecha y la derecha en la izquierda, la imagen a
través de la pantalla de un paisaje segmentado que poco a poco se va
transformando en una translucidez de una vida vivida en primera persona. Ese
clima de disfrute verdadero del artista y del oyente, típico de una sobremesa
de sábado a la noche o domingo al medio día.
Eso que tocaba mi papá, “La
casita de mis viejos”, “María”, “Griseta”, entre muchos otros, van sonando. La
artista, ahora, los va tocando, sacándolos de su memoria o accediendo a pedidos
de admiradores conectados, con esa pasión que reconozco, auténtica.
Y me voy, me quedo mirando la
nada, escuchando su impresionante interpretación, su conocimiento de la cultura
que le permite sacar versiones de la galera, ahí mismo, ahí nomás, llenando los
huecos mentales de las partituras con ingenio inteligente y repentización de
barrio.
El sonido que me llega me hace
recordar a mis tiernos cuatro, cinco o nueve años, cuando mi viejo se sentaba a
tocar en el living de la casa de mi abuela o en la casa de sus tías en el
barrio porteño de Flores. Todos
parábamos la fiesta. Todos escuchábamos. Como escucho ahora, casi en otra
dimensión, a la música que está en su propia dimensión.
Durante años atesoré ese recuerdo
de papá tocando el piano para a la familia y los amigos. Luego las cosas
cambiaron y aquella época se transformó en entonces en eso, en un bello
recuerdo de mi infancia porque la familia cambió, esas mesas de aquellas
reuniones dejaron de existir y mi viejo no tocó más esos tangos para todos.
Tanto me esforcé en conservar
aquellos recuerdos que llegué estudiar el piano, a preparar intensamente el
examen para rendir ciclo en el viejo Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, a estudiar allí la música que
mi papá había estudiado. Yo tenía entonces varios más de veinte años de edad e iba
a tocar el viejo piano-pianola triste y
solitario de la casa mi abuela, que se me hacía abandonado. Y luego de un
tiempo no toqué más, sin saber por qué, como tampoco sabía entonces que el
impulso para darle vida a la música en el piano tenía mucho que ver con rescatar
aquellos momentos únicos de mi infancia.
Era la década de los setenta. Alguien
cercano a la familia que tenía un grabador de cinta abierta registró una de las
sesiones mágicas de tangos, valses y milongas con mi viejo al piano, rodeado
del cariño y la admiración de sus seres queridos. Tiempo después la
reproducción de aquella grabación se me hacía fascinante. La tecnología casera
de aquel entonces, aquellos micrófonos y el sonido de la cinta magnética
dejaron grabado a fuego un registro que revivió a través de la escucha en una
nueva situación, un sonido en vivo captado de manera casera como aquel, pero
que ahora viaja por las redes y se escucha en directo.
Conocía a la artista convocante,
pero la reconocí a través de sus conciertos en vivo, así, en cuarentena, a
cientos de kilómetros de mi Buenos Aires natal, conectando con esas vibraciones,
con esas frecuencias que trajeron a mi memoria del corazón a mi padre, que se
fue hace poco, en medio de las restricciones de la declarada pandemia, pero
también exorcizando una historia de décadas en mi vida, los motivos por los que
movía cielo y tierra, hace un tiempo atrás, para que el piano sonara como
cuando era un pibe y por los que un día dejé de tocar.
La pianista me contó una historia
metafísica de mi propia vida, de la música, de mi familia que yo mismo desconocía.
Con su arte sincero, con su compromiso por con las formas del misterio de la
música, con la alquimia de la interpretación de un mundo cultural que
compartimos y que ella hace vivir con el sólo hecho de liberarse sobre el
teclado para dejar salir tantas horas de estudio, tanta pasión, tanto corazón.
Gracias Marina Ruiz Matta,
escucharte fue un viaje y te sigo escuchando, mientras escribo, mientras te
pido que toques “Bahía Blanca” y lo bordás, porque el sonido de tu piano
acaricia mi alma y me ayuda a andar más liviano… y más emocionado, también. Gracias.
©Pablo Rego (agosto
de 2020)
