
Insomnio en luna llena.
La claridad del alba aleja las percepciones de espejos
deformes,
de horas sumergidas en infinitos subsuelos,
de cielos llenos de luz mortecina,
de imaginaciones y pieles rasgadas, erizadas.
Un viaje solitario en un mundo aparentemente normal,
en el que pasan cosas y otras se piensan, se sueñan, se
sienten,
en una habitación vacía que se fue llenando de seres,
de proyecciones en el alma, en los espejos sucios,
en las supuestas luces del afuera filtrándose por las
rendijas.
Venus se impone siempre, simplemente, despertada por la
Luna,
juegan a pasarse los velos de sus magias por sus caras,
por mi cuerpo,
por sus superficies extensas, lejanas y sutiles,
se entretienen soplando en mi inconsciente un inquieto polvo
adolescente.
Luces, sombras, visiones de la noche que todo lo
confunde,
mis ojos se cierran por no estar abiertos, pero imágenes
intensas habitan la mente,
tanteo en la penumbra de la ausencia mi presencia, mis
certezas, la de siempre
y volando sin querer entro y salgo del ahora.
Hay un cuerpo real que toco,
recuerdos cercanos y lejanos de exaltantes figuras de una
tarde pasada,
la vida, el amor, la muerte y otra vez la pasión de todo
ello
se manifiesta en un mundo algo real.
La idea de que pronto va a pasar,
la imagen repetida, un poco obsesiva, recurrente, excitante,
el esperado devenir del sueño, pero no alcanza,
los ojos no responden, abiertos o cerrados, son su propio
mundo.
Los incesantes sonidos del afuera alimentan las llamas de
la mente,
una imagen animal de ensoñación salvaje parece verdadera;
criatura de cuerpo gris, intenso, impiadoso
que me mira y me llama imperiosamente a ingresar en la
caverna.
Un fuego creciente en un profundo primitivismo que se
apodera de todo,
el cuerpo es víctima de la pleamar interna, se desborda
en un silencio de fluidos
y un volcán en erupción derramando su lava ardiente sobre
mí.
La soledad, la quietud y el desconcierto contrastan con
la luz o con su ausencia.
Despierto. Un rato más. Otro rato. Otro.
Los juegos terminan en perdida indiferencia,
adentro los laberintos se crean a sí mismos presente e
indefinidamente,
afuera, la luz de la plena luna, los gallos, los perros, vive
la más silvestre de las vidas
mientras pasa el tiempo, que ahora se hace tan real como
la muerte.
©Pablo Rego