martes, 29 de enero de 2008

Agrio Silencio (Poesía XXIV)


 

Agrio silencio

 

Tengo un mensaje para ti,

palabras que he dicho muchas veces hoy,

pero debo callar y no sé cómo,

es necesario un silencio que me ahoga y te aleja.

 

Porque mis señales se vuelven proyectiles,

mis deseos se mezclan con los tuyos,

tus sospechas se transforman en certezas

y se gestan huracanes, todo vuela... y mi cabeza.

 

He visto ante mis ojos el devastador efecto de mis holas,

el silencio que sucedió a mis tormentas,

las piezas del juego caídas levantándose otra vez,

un mar de corazones escondido en el silencio.

 

Ascienden las palabras por mi pecho,

se ahogan en mi garganta rígida,

se mueren en mi boca cerrada por precaución

y regresan al estómago, y regresan a mi boca...

 

Trágicas, dramáticas, ridículas escenas

se recrean en mi cine de espectador solitario,

llantos absurdos, cálculos intrascendentes,

caricias de lenguas bífidas, y horrores mentales varios.

 

Los sueños despiertos por mis dichos

se volvieron catacumbas del cariño,

y mis manos se quedaron con la muerte del vacío,

y mis besos huérfanos de amor.

 

El cristal de las vidrieras tiembla otra vez,

mi puño, mis puntapiés, mi explosión, mi destino

me empuja contra el vidrio que sé que estallará,

pero algo dice en mí: “que sea en silencio”

 

Tengo un mensaje para ti,

pero debo callar y no sé cómo.

 

Pablo Rego ©2008

lunes, 21 de enero de 2008

Cuento I

 


Salto a la nada.

Rashid quería que su vida tuviera un final destacado, que llamara la atención, quería dar un último golpe de impacto y que su nombre apareciera en la primera plana de los periódicos de París.

Su corta existencia no había sido placentera ni satisfactoria para él. Su infancia en un barrio de las afuera de la ciudad no había sido especialmente feliz. Su familia había heredado los complejos de los inmigrantes, todos hijos en tierras extrañas, venidos de Argelia y trasplantados a una sociedad que había sido amable a medias con ellos. Rashid era tercera generación de esta familia recreada en tierras extrañas, pero su barrio estaba signado por su cultura y la religión musulmana de la que formaba parte.

Él, sus hermanos y sus primos asistían cada día al colegio como todos los niños franceses, compartía las costumbres sociales y sentía el mismo deseo de relacionarse y de compartir que el resto. Había tenido que aprender que su nombre, su aspecto y el barrio del que provenía marcaban su cotidianidad de una manera que no siempre era agradable; en muchas ocasiones llegaba a ser desagradable.

Los niños de su entorno vivían todo aquello con una naturalidad que provenía de unas reglas de juego que sus familias habían sabido asumir y enseñar con el tiempo. La sensibilidad de Rashid era diferente. Lo que a otro podía parecerle normal o intrascendente, él lo vivía con un profundo dolor y una sensación de injusticia que le perforaba el alma sin anestesias posibles.

Con el correr del tiempo el niño convertido en muchacho percibía los aspectos más profundos de las personas y pronto se vio atraído por una hermosa adolescente de familia tradicionalmente  parisina. Aquel episodio le significó el primer revés del amor, pero también un duro golpe a su autoestima y a su forma de vivir en esa sociedad.

Condenado por la sociedad a elegir amigos, mujer y trabajo dentro del entorno de su cultura Rashid desarrolló un fuerte resentimiento hacia todo lo que lo rodeaba. Discutía a menudo con sus padres y hermanos más grandes, rechazaba muchos de los parámetros que el colegio secundario le brindaba como normas fundamentales de desarrollo y convivencia y la incomodidad que padecía cada día por no sentirse libre lo convertía en un incomprendido.

Pasados sus veinte años de edad, Rashid había construido una personalidad que no encajaba ni en el seno de su cultura ni en el resto de la sociedad. Deseaba lo que le había sido negado por cuestiones raciales y religiosas y rechazaba su sensación condicionante de ciudadano de segunda clase. No conseguía los empleos que quería y los que parecían ser para él le provocaban una rabia que crecía con cada comentario u oferta.

Pero su actitud no le había resultado de gran ayuda para crecer y llegar a encontrar las herramientas necesarias para competir en una sociedad que sólo le proponía reglas de juego que no le eran útiles a sus circunstancias. Sumido en un estado de complejidad emocional y conductiva su mente estaba ocupada por muchos conflictos que no tenían solución para él. La ayuda que le ofrecían no le servía de mucho y no obtenía la que necesitaba.

Una mañana salió a recorrer la ciudad. Anduvo por los sitios que solía visitar desde pequeño y siguió andando rumbo al centro. Miraba los modernos edificios de la zona financiera, los escaparates de las tiendas más lujosas, el movimiento de los miles de turistas que invaden París cada día, recorriendo el Sena de un extremo al otro, inundando los edificios y los parques, formando parte de una realidad que Rashid, en su propia casa, no llegaba a comprender.

Sentía curiosidad, deseaba saber lo que no sabía para entender, quería comunicarse de una manera correcta con la gente de una sociedad que lo contaba, pero que no lo incluía. Y en medio de un aturdimiento plagado de preguntas sin responder llegó a la conclusión de que su vida no tenía valor. Se convenció de que su familia no lo comprendía y no lo echaría de menos por su comportamiento conflictivo. Pensó que vivir era el castigo más grande que podía haber sufrido en esta existencia. Y miró el funcionamiento de la sociedad.

Frente a la torre Eiffel se quedó mirándolo todo. Los autobuses descargaban a cientos de personas que hacían colas interminables para ascender al monumento. Sonreían ante las cámaras de foto. Gritaban. Corrían desaforados para llegar a disfrutar de un paseo que Rashidn nunca había sentido que le correspondiera.

Luego de observar por unas horas todo aquello pensó que él nunca había leído o escuchado la noticia de que alguien hubiera saltado desde las alturas de la torre y pensó que sería una forma de dejar en claro su pensamiento ante todo el mundo conocido por él. Pensó que saldría en la prensa, que su imagen o su nombre llegaría a su familia a través de las noticias, que la sociedad se impactaría al ver la noticia de que un hombre había saltado desde el monumento al turismo parisino que quedaría manchado de muerte, que se volvería interesante por una cuestión humana, que cobraría otro aspecto a partir de ese entonces.

Esa tarde regresó andando a su casa mientras continuaba recorriendo los diferentes barrios glamorosos de París. Y mientras andaba afirmaba sus valores e ideas recientemente adquiridos por él desde el propio círculo vicioso de su mente. A la mañana siguiente abrió el bolso de su madre y tomó el dinero preciso para ascender al segundo piso de la torre desde donde la altura es suficiente para morir en la caída. Recorrió las mismas calles que el día anterior, esta vez más decidido y con un paso más firme. Con el fío y brumosos clima del invierno parisino a orillas del Sena hizo la cola para entrar a la torre. Sacó el ticket e ingresó por primera vez en su vida a la zona de visita. Esperó su turno para subir al ascensor y accedió por fin a la segunda planta junto con el grupo de turistas de ese momento. Decidido y a gran velocidad trepó ágilmente por la reja de seguridad y ante el asombro de unos y el horror de otros se detuvo en el preciso instante que apareció ante sus ojos la majestuosidad de la ciudad que admira todo el mundo y que para él había sido su cárcel, su condena desde siempre.

El griterío de los presentes se sumó a los imperativos de “¡bájese!” del personal de seguridad. La tensión en su interior aumentaba cada vez que se planteaba el momento exacto del salto. La gente desesperaba con cada gesto o amague. La confusión se apoderó de todos, también de Rashid que ante su propia desesperación y decisión tuvo la reacción que se había forjado en él durante toda su vida.

Saltó.

Los turistas habían sido apartados del lugar. Salvo el personal del lugar, nadie lo vio saltar. Ni la televisión ni la radio ni el periódico publicaron esa noticia. Nadie reflejaría tan desagradable asunto justo en el sitio símbolo de la ciudad, para muchos, más hermosa del mundo.

Pablo Rego - © 2008

domingo, 6 de enero de 2008

Poesía XXIII

 


Del otro lado

 

Puedo verme, al fin, del otro lado,

con una verdadera soledad por testigo,

con un fuerte deseo de un sueño vivo por guía,

destramando los disfraces de fina confección de acero.

 

Puedo recordar lo que susurros me pidieron,

lágrimas, silencios, portazos, abrazos,

ensayo un mudo ademán en consonancia

y escucho  lo que entonces esas voces me decían.

 

Canto la canción desesperada de los amantes ignorados,

dibujo con mis dedos en el aire los paisajes que siento solitario,

sigo con mi mirada simple el camino de las hojas del otoño

y recuerdo, y ando silencioso sin pedir aquello que pedía.

 

Los astros se acomodan, danzan sin pensar, no se preguntan,

los hombres, como astros, se adhieren a sus vidas aparentes,

pero con miedo... a la muerte, a la soledad, al final...

a la vida que no está escrita... que no se ve con los ojos del silencio.

 

Desde mi bosque oscurecido por la noche que retorna

veo las casitas refugiadas entre el frío ausente de lo humano.

Lucecitas que proyectan ráfagas de un ensueño luminoso

llegan a mis ojos, modifican las sombras, suman un cuadro a la ficción.

 

El oro sigue brillando porque es ese su destino,

el amor es un dulce fruto que sabe verdad y a incertidumbre,

la vida es un leño que arde según el árbol de su vida...

no quiero ver con otro ojos que los míos, no puedo.

 

No brilles para mí ni para otros, no actúes siempre,

no dejes huérfano el viento que lleva tus palabras,

no corras a los precipicios para regresar ante el vértigo

no huyas de tu destino, no te ignores; mírame, mírate.

 

Yo viví verdaderas fantasías sugerentes y engañosas,

anduve de verdad sobre las nubes y volé siempre que pude,

fue cierta la visita del amor cada vez que amé, y mi fe,

 y la falta de fe de los ojos que me ven sin mirar el horizonte.

 

Como un veneno que sube lentamente desde la tripa

veo escenas falsarias, teatrales, figuritas de plástico modernas,

veo almas confundidas en sus cuerpos, cuerpos que se ven,

cáscaras humanas que esconden corazones y ocultan sentimientos.

 

Huesos y suspiros, latidos de todos los tiempos, mis manos de siempre,

la esperanza cansada y vieja, los sueños vividos y los olvidados, La verdad:

Todo del mismo lado, del mío, del que se va y se queda conmigo.

En la otra orilla estoy mirándome y, quizá, ignorando el amor amargamente.

 

Pablo Rego © 2008

sábado, 22 de diciembre de 2007

Poesía XXII


 

Abismos cardiacos

 

¿Qué espíritus desparramados por el éter pueden conocer las desgracias de su pertenencia a unos cuerpos pobres, terrenales y confusos?

 

El hambre de los estómagos, el miedo primitivo de la muerte, la pena insoportable del olvido manipulan los pasos temblorosos.

 

Los sueños en imágenes mentales crean atmósferas de aciertos. Los ojos ven hasta su alcance, las manos agarran lo que tienen cerca.

 

 ¿y las almas?

 

Matemáticas madres de terremotos espinales, venenos egocéntricos que secan los órganos, destrozos de los primeros huesos contra los cristales de las avenidas.

 

Nunca será cierta esa promesa: la que dore los oídos, la que cierre las historias, la que asienta compasiva, la que extienda una alfombra de flores frente a ti.

 

El cuerpo se arruga, la sien se relaja, la mierda de los siglos transpira por los poros de la piel, las uñas se acortan de tanto rasgar paredes.

 

Sí, al final es posible entender. Al final se verá todo lo que no era. Los finales achican la salida.

 

Al final...

 

Los grandes monstruos humanos sin tiempo lo devoran todo; hasta los sueños pequeñitos, hasta el simple sol que penetra por las retinas inocentes.

 

Pablo Rego ©2007

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Poesía XXI


 

Puertas sagradas guardadas.

 

Siempre estarás abriendo esa puerta,

junto al marco repleto de flores de los sueños,

mirándome a los ojos y hacia tu propio destino al mismo tiempo.

 

La belleza vendrá a mí desde el fondo de tu alma,

derramando destellos de luces de colores para todos,

guardándote tus primeros tesoros en una  bolsita cercana al corazón.

 

Temblarán por siempre mis sentidos, mis recuerdos,

faltará en algún lugar el aire que nunca respiré,

y veré que otras aguas, otros soles, otros tiempos, cambiarán cada presente.

 

Seré recuerdo, sonrisas y lágrimas,

serás el centro de tantas vidas,

seré olvido, pasado, pensamiento, seré quizá un soplo en el horizonte.

 

Tienes las llaves de tantas puertas...

También la de una oculta, que duerme entre enredaderas de humo,

una llave que nadie encontrará, que nunca podrán ver los ciegos.

 

Dialogo con lo que queda de ti en mí,

no sé cuanta verdad encuentre, no sé si haya, no la busco.

Te veré así siempre, te escucharé y quedaré suspendido en un silencio posible.

 

Pablo Rego (2007)

sábado, 3 de noviembre de 2007

Poesía XX


 
Desbúsqueda y desencuentro
 
Cuando te busco no te encuentro;
Mis vacíos se añejan volviéndose sabios de silencio.
Cuando te encuentro no te busco;
Me hallo perdido en los laberintos de mis días.
 
Presiento tus movimientos invisibles,
me engañan mi deseo, mis traslados inertes.
Conozco tus latidos, tus pasos,
me olvido de pensar, de concluir.
 
Voy hacia ese sitio inmortal, siempre,
pero desconozco la ruptura de un tiempo.
Me enredo en los codos de la mente
e imagino una realidad ausente.
 
Soy un niño soñador alejado de sus sueños,
un amante respetuoso de las formas del dolor,
una bestia que nació de una magia sin manuales,
un marino que surca los mares del olvido...
 
...que al llegar a esas costas sensibles,
cuando el sol de todos los porqué enrojece,
quedas tú, luminosa en mi recuerdo,
sin teletransportación presente, sin realidad aparente.
 
Amarrado en el último peñón del estrecho de mi muerte,
susurras tus cantos telepáticos a mis oídos.
Deseoso de hundirme en mi soledad
no me verás derramar mis lágrimas de piedra.
 
Cuando te busco no te encuentro
y más me inspira tu ausencia.
Cuando te encuentro no te busco
y más escurridiza te vuelves a mis manos.
 
Pablo Rego - 2007

domingo, 28 de octubre de 2007

Poesía XIX


 

Afectos al dolor (canción)

 

Te vuelves a encerrar ahí, en el túnel

que llevas encima de tus piernas.

Regresas a tu vieja historia, tu conflicto,

regresas a tu feto de mujer.

 

Y cambias tu sonrisa en mi recuerdo

por unos ojos de una ira que no vi,

me muestras ese rostro ensombrecido

esos rasgos que me cortan la piel.

 

Te cubres con tus máscaras, tus mitos

transformándote en hija de la muerte,

enciendes esa hoguera de humo negro

que cubre cada nuevo amanecer.

 

Y yo, voy siempre pisando ese clavo

y voy sufriendo tras de tu locura.

No aprendo a evitarte maldito barril de veneno,

me olvido de mi alma y mi dolor.

 

Te quitas al fin esos disfraces,

no hablas ya de vuelos y de amor,

me dejas tu anzuelo y tu carne

sin culpa, sin miedo y sin calor.

 

Y entonas, tú sirena impiadosa,

tus cantos que encantan mi razón,

disfrutas en el fondo de tu abismo

de tu juego de neurosis para dos.

 

Debajo del suelo, de la tierra,

no encuentro mis recuerdos ni tu luz

estalla tu ritual de sacrificios

comiéndote mis viseras, mi amor.

 

Y yo, voy siempre pisando ese clavo

y voy sufriendo tras de tu locura.

No aprendo a evitarte maldito barril de veneno

me olvido de mi alma y mi dolor.

 

Pablo Rego ©2007

viernes, 7 de septiembre de 2007

Noche, tiempo, pensamiento, recuerdos

Poesía XVIII

 

Nº 1 – Serie Z

 

El cuerpo de mi mente es un deshecho.

La mente se suicida en el cuerpo.

Duele afuera, duele adentro.. o no; eso es ser.

 

Buscar trascender en lo intrascendente,

(juicio que de la vida se tiene)

Punto negro que se esquiva: la nada.

Porque todo es nada... y abruma.

 

Sol, piel, saliva, abrazo, sonrisa...

Ensueño en la nada, química ilusionista,

bienestar efímero, parte de la nada.

 

Desintegra el tiempo las cosas.

Desintegra los todos y las nadas,

la libertad utópica, la existencia plena,

los sabores dulces, los besos, los abrazos, las sonrisas.

 

Deforma el tiempo los sentidos.

Deforma el recuerdo, los olores, los sonidos,

Los desengaños, los latidos, las energías próximas,

los temblores venales, los susurros.

 

El cuerpo es la salida más nada.

La mente quiere todo y se suicida en la nada;

y nosotros somos eso; eso es ser.

 

Al final nos quedamos con los restos.

Migajas de realidad que llenan nuestras miserias

y adormecen nuestras profundidades dolorosas.

 

Pablo Rego - ©2007 

sábado, 18 de agosto de 2007

Una de Serrat

Después de un emocionante concierto de Serrat y Sabina, además de dos voces añejas, quedan en la memoria imágenes, palabras y, fundamentalemte, sensaciones interiores que tipos como estos saben movilizar. Penélope es una canción más que conocida por su belleza, por su interpretación original (la del Nano) y por otras que se han vuelto populares. En el concierto me llegó verdaderamente por primera vez (quizá por experiencias vividas), y me quedó la sensación de un desamparo culpa de nadie en el corazón de la que espera sin haber subido al barco, sin poder mirar lo que ven los ojos de un Odiseo que busca algo más allá de un corazón. 

 

 

Penélope, con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo...
...se sienta en un banco en el andén
y espera a que llegue el primer tren meneando el abanico.
Dicen en el pueblo que un caminante paró su reloj
una tarde de primavera.
"Adiós, amor mío, no me llores,
volveré antes que de los sauces caigan las hojas.
Piensa en mí...por tí."
Pobre infeliz, se paró su reloj infantil
una tarde plomiza de abril cuando se fue su amante.
Se marchitó en tu huerto hasta la última flor,
no hay un sauce en la calle Mayor para...
...tristes a fuerza de esperar, sus ojos parecen brillar
si un tren silba a lo lejos...
...uno tras otro los ve pasar, mira sus caras,
les oye hablar, para ella son muñecos...
...Dicen en el pueblo que el caminante volvió
y la encontró en su banco de pino verde.
La llamó: "Penélope, mi amante fiel, mi paz,
deja ya de tejer sueños en tu mente.
Mírame, soy tu amor, regresé."
Le sonrió, con los ojos llenitos de ayer,
"no era así tu cara ni tu piel,
tú no eres quien yo espero".
Y se quedó...sentada en la estación... 

 

Joan Manuel Serrat

martes, 17 de julio de 2007

Poesía XVII

 

Con trocitos de piano y música clásica

 

Aquí, en donde reside el recuerdo amarillento del paño de los martillos acariciando las cuerdas del piano

las yemas huérfanas escuchan impotentes las notas que nunca más hicieron danzar.

 

Tristeza de perversiones ajenas, dolor con anestesia que el tiempo maquilla de época pasada.

 

Olor a color violáceo de flores de paraísos,

luces de sol colándose entre el puro cielo y el verde hoja de calle de barrio.

Gestos adustos y absurdos de adultos infelices durmiendo en el pasado.

Alegría del niño acosada por el índice, reprimida por un puño, ignorada sordamente.

 

Que horribles formas toma el amor sin libertad.

 

En los días que el camino se oscurece hasta la muerte

la música que resuena en el alma dibuja siluetas con acuarelas de la mente.

Todo vive adentro del cuerpo, todo lo frío descansa en su intención aprisionante;

 

Aquel color de los huesos, el del primer llanto, invade la ilusión y calma.

 

En este tiempo que existe por presente y sentible,

lo que en otro vivió en mí habla a través de mis venas.

Como un sabio inexistente, el espíritu de mi ideal susurra tranquilamente,

me recuerda lo que siempre supe, señala el sentido y sonríe.

 

La angustia de estar perdido se transforma en angustia de saber

cuando en un recodo del camino la bondad de la naturaleza se hace presente

y en ese rincón del tiempo en el que las cosas no caducan

la lucha de lo inmediato deja paso al vuelo de la existencia.

 

Ver es cruel y dulce a la vez; y es cierto aunque duela.

 

...sonríe así mi alma junto a lo trascendente,

se libera de la prisión que construyo sin su ayuda,

se desplaza por los siglos mirándome otra vez, paciente,

aguardando a que su sentido sea el mío,

a que la duda, el miedo, la ilusión y la certeza

se integren en mí

y me lleven a mi fin.

 

Pablo Rego - ©2007

viernes, 13 de julio de 2007

Agujero negro

 


No por tener la piedra hay que acabar con ella por completo,

agotado el mármol no hay escultura posible.

 

Aunque el suelo sea fértil no hay inteligencia en depredar sus nutrientes,

sin fertilidad no hay trabajo, no habrá sentido ni cosecha.

 

Un amor desbordante dejará de serlo si sólo se aprovecha uno de él,

sin sueños, sin esperanzas, sin ilusión el amor dará todo de sí hasta convertirse,como una estrella, en un agujero negro: sin luz y sin energía creativa.


Pablo Rego - ©2007

lunes, 11 de junio de 2007

Poesía XVI

 

Lunática mañana.

 

Ya no vale decirlo. No hay salidas... ni excusas, ni corazones con sonrisas puras.

El mismo fuego ha quemado una y mil veces el suelo... y la vida sobre él.

El agua apagó los incendios y lo lavó todo. Todo limpio, todo muerto.

Y el fuego, otra vez... y el silencio... y el hartazgo... ya no vale decirlo.

 

Mata callarlo. La ausencia de la pluma, del juego de palabras que recrea.

No puedo esperar nuevas respuestas, las he oído todas.

Mis mensajes embotellados naufragaron, lo sé,

mis juegos, mis abrazos no se entienden,

se marchitan entre realidades y ficciones de otros.

 

Este lunes amaneció quejándose por falta de sentido mi corazón,

nadie responde a mi lado, nadie ríe plenamente a mi lado,

no hay piloto de tormenta en mi ausencia, en mi dolor.

Afuera, lucha, odio, guerra. Adentro, espera, falta de fe, materialismo.

 

Imprimo aquí una ilusión. No sé por que lo hago.

Sé que mis fantasmas se vuelven letra y que serán vistos.

No quiero ocultarlos porque creerás que ya no soy yo,

y aunque persista en mi error, nunca se irán de mí.

 

Ahora...

El tiempo está muerto. Ya no me persigue, se cansó de mí.

Pasan cosas, todo sigue andando,

pero el tiempo me regaló una grieta porque no huí.

Estoy aquí... ausente de todo lo que toco.

 

Y en esta pausa, cuando todo se detuvo, no me siento escribir mi poesía,

Ha llegado esa fuerza que me invade y me transforma,

que hace de mí el perro-poeta.

 

Y aunque no tenga sentido, no moriré por callar.

Este lunes absurdo renuevo mi ilusión,

En este tiempo muerto y anodino

retomo mi mandala y realimento mi amor.

 

Por mí, por todo lo que no puedo tocar ni nombrar

por ser tan grande y trascendente.

 

Y tú que lees... ¿vale decirlo?

 Pablo Rego - ©2007

lunes, 14 de mayo de 2007

Perro andaluz

 

Perro Andaluz (Serú Girán)


Hablamos al pasar,
acerca de alguien que conozco bien.
Me dejo atravesar,
soy como el túnel donde pasa el tren.
Te haces mi amiga
si estás conmigo,
pero cuando estás con otro
me deshacés.

Te encanta caretear,
ser aceptada donde te odian más.
Velocidad mental
es la otra gema sin saber actuar.
Quién más, quién menos
conoce el juego,
si así es como nos tratamos
ésto va mal.

Soy un tonto en seguirte
como un perro andaluz,
pero mi amor, se acabará
alguno de estos días,
alguna de estas noches.

martes, 17 de abril de 2007

De soñadores y soñadores

 

Hoy escuché esta frase en el programa “Ciudad invisible” de Radio 3, que trata, fundamentalmente, de la Utopía (el programa)

 

La frase: "Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas." Galileo Galilei (1564-1642).

 

Pienso que quien crea las fábulas comete un grave error cuando intenta justificarlas ante quien está dispuesto/a a creerlas y que quien las cree se equivoca esperando una relación directa de aquello con la realidad. Luego, que las mentes que tienen la aptitud para crear fábulas pertenecen a unos seres que no son fábulas, sino seres humanos tan imperfectos como los seres que poseen el otro tipo de mente (es apología, sí)

domingo, 15 de abril de 2007

Poesía XV

 

Sensación: Cansancio da andar por las calles de Barcelona. Cae la tarde de un sábado lluvioso. Entra el metro que espero solo en la estación Jaume I, medio vacío, repleto de soledades.

 

 

Melancolía

 

Una sonrisa inocente enmascara cualquier pasado lejano, lejano o próximo que se aleje o esconda, detrás de las miradas retrospectivas. Cabe una sinceridad en la máscara inocente, quizá sea lo más cierto en el mundo real ¿O es eso el recuerdo de aquella verdad que se ha dormido en el tiempo?

 

Vuelve nuestro yo; el mío. Vuelve esa sonrisa distraída que cuesta carreras enteras. Vuelve con su fuerza no cotidiana, con su entusiasmo, con su esperanza, pueril quizá.

 

Echar a andar es lo que pasa cuando viene al encuentro la magia de uno mismo, la de antes de todo. Olvidar la cárcel de la vida es lo que pasa cuando la alegría es cierta y sin motivos.

 

Descubrir con aquellos ojos, aprender por aprender y andar incansablemente. Pasar las horas sin saber, atravesar la soledad, el miedo y la necesidad. Echar por la borda los argumentos, las armas, las defensas. Sentir lo vivido, cuando está ocurriendo con el alma alegre y pensando en modo infinito.

 

No es la ilusión de dejarlo todo ni la de cambiar completamente. No es el sueño de que el mundo se vuelva nuestro mundo; mi mundo. No es la idea del niño que nunca vio y cree. No se trata de huir ni de ocultarse ni de matar lo que no podemos.

 

Llega el momento de regresar... siempre llega... a la vida real?

 

Acaba el día, los días, el cuento. Termina entonces la sensación extrahumana de continuar creciendo y sonriendo, la alegría que se va con el ocaso o el amanecer. Se cierra la puerta y se duermen las almas. La soledad llega de todas formas, la tristeza por alegría, y los nidos se pueblan de personas reales.

 

Miro a través del cristal de las ventanas esa imagen que no sé vivir, que no veo sin cristales.

 

Llega, absurda, sin invitación, la melancolía; oscura, hechicera y socia de la muerte. Aflora entre llegadas de trenes, tráfico de carreteras, ocupaciones y otros tormentos cotidianos.

 

No hay tiempo para saborear el tiempo, para terminar de aprender a desatar el nudo del retorno, para dejar de tener los sentidos al servicio de lo pétreo, como un suicidio sin dolor y sin deseo.

 

No hay buena soledad sin la profunda sensación de muerte que da vida a la vida.

 

Pablo Rego - ©2007

domingo, 25 de marzo de 2007

Poesía XIV

 

Fina arena del desierto

 

Dices que la magia es lo que pasa,

dices que tal vez mañana, que el perfume, que mi ausencia.

Oigo en mí recuerdos de unas voces escondidas detrás de unos fantasmas,

veo en esta tarde solitaria caer las hojas de un otoño en mi ausencia,

imagino ese rostro tuyo que no sé si existe hoy,

sangran mis labios queriendo sentir que quizá era cierto,

se me agota el alma con las palmas vacías de arena,

siempre así, vacías...  

 

Y juegas al escondite cuando estoy en el lejano territorio de mis certidumbres,

te vuelves invisible cuando estás casi a mi lado,

lloran en silencio mis sonrisas de ojos puros,

ya no saben que aguardar mi sueños agotados de andar.

 

Y qué sigue al descubrir el lado opaco de los espejos,

cuáles son los pies que darán pasos oscuros sin la luz que me guiaba,

cuántos golpes contra el vidrio soportará un ave desterrado,

para qué el deseo, para qué la magia, para qué los sueños.

 

Te dices en silencio lo que nunca pronunció tu voz,

te dices que los otros, que mi vuelo, que lo incierto.

Oigo cien verdades que enlutan mi boca,

veo frente a mí la insoportable desaparición de todos los presentes,

ya no quiero imaginar ningún mañana.

Se sellaron las puertas del cielo nuevamente,

se resquebrajó la perfecta obra de mis trazos invisibles;

No existía, ahora lo sé...

 

Pablo Rego ©2007

miércoles, 21 de marzo de 2007

Poesía XIII

 

Este texto es una impresión de una extraña soledad que viví en mi estadía en Buenos Aires el pasado mes de febrero. Surgió como muchas otras letras, de la música, de un tema llamado "Bahía" interpretado por un dúo de Jazz en "El perro andaluz" de San Telmo.

 

Distancia de nosotros

 

Mis huellas dactilares no consiguen conformarse sin tu piel,

mis pupilas ven fragmentos de ti en todas partes,

mis deseos inventan fantasmas impostores que se esfuman al nombrarte,

...¿y por qué no está tu cuerpo en tu alma aquí a mi lado?

 

Es un aire bahiano que me lleva la belleza,

fue un aire flamenco que me llevó en su aventura

y es nuestro encuentro un cruce de avenidas de barrio o centro, de río y de plata.

 

Esta vez, no hay aves de mal agüero, no hay hienas ni malvados;

Terminó el baile de máscaras, la confusión adrede y el ensueño.

 

Pablo Rego ©2007

jueves, 8 de marzo de 2007

Día mundial de la mujer

 

Con esas deliciosas diferencias que nos enloquecen y nos emocionan, con eso que un hombre inteligente debe aprender para ser completo, con la gracia del nacimiento, con la suavidad de una piel que no es la propia... con todo eso, el amor y los silencios profundos... ¡Feliz día mujeres!

 

El día de la mujer mundial

 

Quien escribirá la historia de lo que pudo haber sido?,
yo que soñaba despierto ya no sueño dormido,
con quien estarás ahora?,
quien te va a dar de comer?,
en el día mundial de la mujer.

Voy a seguir hasta encontar una parrilla en Dolores,
no miraste bien en mis espejos retrovisores,
ahora que pusiste el freno espero que encuentres algo bueno que morder, que morder.

Eduardo subí la radio, yo enciendo un petardo,
cuanto falta para llegar a cualquier lugar?,
ojalá te sientas solamente un poco mal,
en el día de la mujer mundial,
en el día de la mujer mundial.

Quien está preparado para ser un chico abandonado?,
quien tiene el blanco del camino en el ojo marcado,
Edu falta mucho para parar y comer?,
es el día mundial de la mujer.

No entendí si vas a ser libre o esclava,
no entendí si fui tu dueño o un borracho que pasaba,
soy grande pero tengo algo que aprender,
es el día mundial de la mujer.

Elegí pena u olvido o sudor compartido,
oajlá no me arrepienta de haberme conocido,
lo importante es que nunca pude hacerte sentir mal,
feliz día de la mujer mundial,
el día de la mujer mundial.

Andrés Calamaro