
martes, 14 de mayo de 2024
Me voy de Argentina

jueves, 4 de agosto de 2022
El pájaro yo

El pájaro yo
ave de una sola pluma,
volador de sombra clara
y de claridad confusa,
las alas no se me ven,
los oídos me retumban
cuando paso entre los árboles
o debajo de las tumbas
cual un funesto paraguas
o como una espada desnuda,
estirado como un arco
o redondo como una uva,
vuelo y vuelo sin saber,
herido en la noche oscura,
quiénes me van a esperar,
quiénes no quieren mi canto,
quiénes me quieren morir,
quiénes no saben que llego
y no vendrán a vencerme,
a sangrarme, a retorcerme
o a besar mi traje roto
por el silbido del viento.
Por eso vuelvo y me voy,
vuelo y no vuelo pero canto:
soy el pájaro furioso
de la tempestad tranquila.
viernes, 18 de diciembre de 2020
"Carpe Diem" (Aprovecha el día) o "No te detengas", el poema atribuido a Walt Whitman que aparece en "La sociedad de los poetas muertos"

El término "Carpe Diem" es famoso en nuestro tiempo gracias a su aparición reiterada y destacada en la película "La sociedad de los poetas muertos" Es es una frase atribuida originalmente al poeta latino Horacio (65 - 8 a. de C.), quien, en el primer Libro de las Odas, aconseja a su amiga Leucone: “Carpe diem, quam minimim credula postero”, que se traduce como: “Aprovecha el día de hoy; confía lo menos posible en el mañana”.
La película mencionada, en la que el protagonista Robin Willams interpreta al profesor Keating, contiene dentro de su profundo y hermoso libreto gran cantidad de las frases de un poema llamado "No te detengas" o "Carpe Diem" del que habitualmente se dice que fue escrito por el gran poeta norteamericano "Walt Whitman" (1819-1892), pero en la antología completa de Whitman llamada "Hojas de hierba" no puede encontrarse dicho poema; aunque sí a lo largo de la película en cuestión.
"Carpe Diem" (Aprovecha el día) ó "No te detengas"
No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,
No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el
derecho de expresarte, que es casi un deber.
No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario…
No dejes de creer que las palabras y la poesía, sí pueden cambiar al
mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.
Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra
propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa.
Y tú puedes aportar una estrofa…
No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puede ser libre el
hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un
silencio espantoso. No te resignes, huye…
“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta;
valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las
pequeñas cosas.
No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.
No podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la
vida en un infierno.
Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.
Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin
miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte. Las experiencias de quienes se
alimentaron de nuestros “Poetas Muertos”, te ayudarán a caminar por
la vida.
No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas…
-Imagen: Freepik.com
Imagina, letra de la canción "Imagine" de John Lennon, adaptada a poesía.

Imagina que no existe el paraíso,
es fácil si lo intentas.
Ningún infierno bajo nosotros,
por encima de nosotros solo El Cielo.
Imagina a toda la gente
viviendo en el presente.
Imagina que no hay países,
no te va a resultar difícil.
Nada por qué matar o morir
y tampoco ninguna religión.
Imagina a toda la gente
viviendo la vida en paz.
Imagina que no existen las posesiones,
me pregunto si puedes hacerlo.
Que no hay necesidad de codicia o de hambre,
Imagina a toda la gente
compartiendo todo el mundo.
Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo vivirá como uno.
“Imagine” John Lennon y Yoko Ono.
Del álbum “Imagine” de 1971
martes, 25 de agosto de 2020
La pianista, una historia de mi infancia y la memoria de mi padre.

por Pablo Rego | Contemplo silencioso el poder creativo de una artista que convoca con su piano a un público real mediante la virtualidad. Será el toque, la manera de atacar, será el sonido potente de sus manos sobre el teclado. La música es uno de los tantos misterios que los humanos hemos recibido como talentos o regalos divinos y cuando esa magia cobra vida colapsa la lógica de la mente.
La pianista abarca el teclado, lo
despierta de su aparente inmovilidad y le da la vida a través de una vibración
que anima a las cosas. El sonido, que entra y sale por los dispositivos
mediante una transmisión en vivo de una masiva aplicación de red social, es tan
curiosamente parecido al de un viejo grabador de cinta abierta que su
genialidad inspiradora de cada interpretación genera en mi mente una búsqueda
inconsciente de momentos felices que alguna vez fueron registrados en mi
memoria.
Pero es este sonido y no otro. Un
sonido de tangos en un piano. Un sonido que pasa por una estrechez tecnológica,
pero sin interrumpir la música. En este tiempo estamos todos un poco
enajenados, pero la artista se enajena de la enajenación en esos ratos de
interpretación magistral, casi divina, dando todo de sí; se nota que lo da.
Y quizá sea esa la pasión que
tenía mi viejo cuando tocaba sus tangos con tanta fuerza, como volando, porque
al tocar esos tangos de Di Sarli, de Fresedo o de Firpo que tanto le gustaban,
se revelaba contra las reglas elitistas de la interpretación de la música
clásica (que escuchaba día y noche en la radio en su taller) que tanto lo habían
torturado hasta convertirse en concertista solista en su adolescencia.
Ahora, la pianista crea un clima
íntimo, de teatro-living, en su casa, a través de una imagen pequeña, en donde
se ve la izquierda en la derecha y la derecha en la izquierda, la imagen a
través de la pantalla de un paisaje segmentado que poco a poco se va
transformando en una translucidez de una vida vivida en primera persona. Ese
clima de disfrute verdadero del artista y del oyente, típico de una sobremesa
de sábado a la noche o domingo al medio día.
Eso que tocaba mi papá, “La
casita de mis viejos”, “María”, “Griseta”, entre muchos otros, van sonando. La
artista, ahora, los va tocando, sacándolos de su memoria o accediendo a pedidos
de admiradores conectados, con esa pasión que reconozco, auténtica.
Y me voy, me quedo mirando la
nada, escuchando su impresionante interpretación, su conocimiento de la cultura
que le permite sacar versiones de la galera, ahí mismo, ahí nomás, llenando los
huecos mentales de las partituras con ingenio inteligente y repentización de
barrio.
El sonido que me llega me hace
recordar a mis tiernos cuatro, cinco o nueve años, cuando mi viejo se sentaba a
tocar en el living de la casa de mi abuela o en la casa de sus tías en el
barrio porteño de Flores. Todos
parábamos la fiesta. Todos escuchábamos. Como escucho ahora, casi en otra
dimensión, a la música que está en su propia dimensión.
Durante años atesoré ese recuerdo
de papá tocando el piano para a la familia y los amigos. Luego las cosas
cambiaron y aquella época se transformó en entonces en eso, en un bello
recuerdo de mi infancia porque la familia cambió, esas mesas de aquellas
reuniones dejaron de existir y mi viejo no tocó más esos tangos para todos.
Tanto me esforcé en conservar
aquellos recuerdos que llegué estudiar el piano, a preparar intensamente el
examen para rendir ciclo en el viejo Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, a estudiar allí la música que
mi papá había estudiado. Yo tenía entonces varios más de veinte años de edad e iba
a tocar el viejo piano-pianola triste y
solitario de la casa mi abuela, que se me hacía abandonado. Y luego de un
tiempo no toqué más, sin saber por qué, como tampoco sabía entonces que el
impulso para darle vida a la música en el piano tenía mucho que ver con rescatar
aquellos momentos únicos de mi infancia.
Era la década de los setenta. Alguien
cercano a la familia que tenía un grabador de cinta abierta registró una de las
sesiones mágicas de tangos, valses y milongas con mi viejo al piano, rodeado
del cariño y la admiración de sus seres queridos. Tiempo después la
reproducción de aquella grabación se me hacía fascinante. La tecnología casera
de aquel entonces, aquellos micrófonos y el sonido de la cinta magnética
dejaron grabado a fuego un registro que revivió a través de la escucha en una
nueva situación, un sonido en vivo captado de manera casera como aquel, pero
que ahora viaja por las redes y se escucha en directo.
Conocía a la artista convocante,
pero la reconocí a través de sus conciertos en vivo, así, en cuarentena, a
cientos de kilómetros de mi Buenos Aires natal, conectando con esas vibraciones,
con esas frecuencias que trajeron a mi memoria del corazón a mi padre, que se
fue hace poco, en medio de las restricciones de la declarada pandemia, pero
también exorcizando una historia de décadas en mi vida, los motivos por los que
movía cielo y tierra, hace un tiempo atrás, para que el piano sonara como
cuando era un pibe y por los que un día dejé de tocar.
La pianista me contó una historia
metafísica de mi propia vida, de la música, de mi familia que yo mismo desconocía.
Con su arte sincero, con su compromiso por con las formas del misterio de la
música, con la alquimia de la interpretación de un mundo cultural que
compartimos y que ella hace vivir con el sólo hecho de liberarse sobre el
teclado para dejar salir tantas horas de estudio, tanta pasión, tanto corazón.
Gracias Marina Ruiz Matta,
escucharte fue un viaje y te sigo escuchando, mientras escribo, mientras te
pido que toques “Bahía Blanca” y lo bordás, porque el sonido de tu piano
acaricia mi alma y me ayuda a andar más liviano… y más emocionado, también. Gracias.
©Pablo Rego (agosto
de 2020)
sábado, 4 de abril de 2020
Cómo ponerse un pantalón.
domingo, 19 de enero de 2020
Volar es el destino de quien utiliza sus alas.
sábado, 16 de noviembre de 2019
Insomnio en luna llena. (Poesía)

domingo, 26 de mayo de 2019
Besos en el hall (Poesía)

sábado, 18 de mayo de 2019
Ojos cuarenta y pico (Poesía)

lunes, 13 de mayo de 2019
Poesía de Pablo

"Vuelve el Otoño" de Pablo Neruda Un enlutado día cae de las campanas como una temblorosa tela de vaga viuda, es un color, un sueño de cerezas hundidas en la tierra, es una cola de humo que llega sin descanso a cambiar el color del agua y de los besos.
del libro "Residencia en la tierra" (1925-1932) Pablo Neruda
viernes, 13 de julio de 2018
Rescate (poesía)
martes, 29 de mayo de 2018
Gravedad (Poesía)

Pablo Rego ©2018












