lunes, 10 de agosto de 2009

He de haber sido. (Poesía XXXVIII)


 


He de haber sido.


 


No recuerdo haber estado,


pero tengo para mí que mucho he fallado,


de algún profundo abismo temporal


llegan a mí castigos que yo mismo habré impulsado.


 


Ojos, ojos que miran horrorizados mi silencio,


manos calientes que acarician navajeantes mi cuerpo tibio,


eternas y olvidadas frases que persiguen mi espalda dolorida,


ecos de ultravida que atraviesan los nacimientos y las muertes para hablar.


 


He de haber me equivocado mucho y no lo ,


he de haber comido carne humana, colgado niños en las plazas,


he de haber comido corazones vivos y arrancado los ojos a las niñas,


he de haber salido a los balcones para arrojarme desde allí una y mil veces.


 


Más de cien soles habrán dibujado mi sombra,


quemado mis pies y mis alas, resecando mi alegría y las lágrimas del tiempo,


mil reflejos de futuro se escondieron tras las rejas de los años,


siempre el tiempo es quien regresa remarcando unas líneas sin memoria.


 


Patéticas señales de este tiempo me recuerdan algo que sospecho,


la sangre de la daga entre mis dedos, el chasquido del látigo en sus cuerpos,


el amargo fondo de los huesos derramándose en mis tripas,


y las lágrimas, siempre muchas, siempre amargas.


 


No recuerdo bien si algún camino tenía esas señales o las tiene,


no recuerdo si andaré perdido o si esta vida es un futuro,


no recuerdo ya algún sueño florido y distendido,


ha de ser porque alguna vez, en algún tiempo,


mi alma se olvidó de todo signando así mi último destino para siempre.


 


Pablo Rego - ©2009

martes, 19 de mayo de 2009

Poesía XXXVII


Sol-o


 


¿Te has fijado en el sol?


 


Todos se nutren de él a la distancia,


pero debe estar solo


porque quien se acerque demasiado


se convertirá en cenizas.


 


Es su destino la soledad,


su ser de fuego es su propósito,


mas los aventureros quieren ingresar entre sus llamas


para capturar su esencia.


 


La esencia del sol es combustible,


la incandescencia que deslumbra a la distancia


brota de sus tripas inevitablemente luminosas


desde un magma vivo que debe salir hacia el universo.


 


Sus lenguas ardientes queman a veces,


su órbita es siempre su camino,


su estar en él le impide verse como el Sol.


Esta es la naturaleza de todos los equilibrios.


 


Cuando llega la noche y tú te duermes


Él sigue viajando entre la oscuridad,


sabiendo que otros se nutren de su luz


y que el día continúa aunque no lo veas.


 


Siempre hay mañana porque hay sol,


hay vida y hay luz porque él sigue su camino


hay consciencia y existencia bajo la luz que siempre llega,


hay calor, al fin, porque sus rayos viajan en el tiempo.


 


Es su destino la soledad y la distancia,


es su camino de aprendizaje,


su forma de ser lo que le ha tocado en gracia.


Nutre, ilumina, calienta, quema,


porque es Sol.


 


Pablo Rego - ©2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

"Paraíso" - Poesía XXXVI


Escribí este poema inspirado en el paraíso, el árbol, durante la primavera valenciana de 2009. Cuando vivía en esa hermosa ciudad española el aroma a las flores de los paraísos, que descubrí como un tesoro, resultaba ser un puente sensorial que me comunicaba con mi infancia en Buenos Aires, cuando las calles de los barrios estaban repletas de viejos paraísos que con el tiempo se fueron quitando. Ese aroma es en parte para mí el de la primavera de mi infancia y adolescencia porteñas. 

En 2018 me reencuentro con estos árboles en el patio de mi casa, y hoy, que agrego estas líneas y sumo a esta antigua publicación la foto, disfruto del aroma de sus flores con una sensación de silenciosa alegría que me sugiere otra vuelta más en la espiral de la experiencia de la vida. (Octubre de 2018)

Paraíso (Valencia, 2009)

(Destellos de todos los tiempos)

Señales,
un aroma a nuevo día comienzo de nueva vida,
comienzo de otra vuelta hacia el próximo comienzo.

Un aroma blanco de primavera fresca y joven,
parte del hogar que llevo conmigo
desde las raíces enterradas en lo profundo, húmedo y oscuro.
Acompañan ese perfume las andanzas en la noche adolescente,
los regresos entusiastas del calor naciente,
la ilusión, el sueño,
el deseo verdadero de lo verdadero.

Viejos Aires que regresan
desde el sur en mi recuerdo,
nuevos soles que iluminan con olor a Mar.

Conozco este sitio deseado y perseguido,
en donde bailan con el viento las mujeres liberadas
cuando la pureza lo permite y emerge debajo de la piel
el brillo único de la plenitud viviente.
Allí y aquí,
un puente entre el amor y la distancia,
entre las calles de las ciudades junto al agua.

Allí y aquí
Hay dos primaveras,
dos oportunidades que el mundo ofrece
a la gloria efímera de su estallido.

Allí y aquí
hay paraíso, hay cielo, hay luz,
hay amor y abrazos, hay aire y tierra,
hay un solo sitio.

Allí y aquí
está en mí;
Una unidad de aroma único,
un solo mundo al que sólo se puede entrar
mediante la comunión con el universo
y la levedad de vivir sintiendo.

Pablo Rego - ©2009

sábado, 11 de abril de 2009

Puertas abiertas (Poesía XXXV)

Me fui dejando un rastro de mí,
papeles volando como pájaros huérfanos
saliendo por la puerta abierta al aire nuevo,
al sueño, al deseo.

Me fui, quitando los cuadros de los muros, 
dejando las marcas en las grises paredes
que ya no quería ver,
mirando hacia adelante en el camino,
atravesando parques y avenidas.

El destino es un dibujo que ignoramos hasta ser, 
somos trazo de un lápiz que nos sigue,
que dibuja bajo nuestros pies.
Somos el vuelo del día de una mariposa
y el largo recorrido a pie del elefante.
Somos tormenta, a veces tempestad,
somos brisa y rocío, aurora y libertad,
umbrío rincón y también pena.

Me fui dándole la espalda al pasado… 
o el pasado se quedó detrás d mí,
me fui siguiendo el horizonte como siempre.

Y siempre llega la noche, 
al fin llega el silencio que tarda en llegar,
siempre soy con mis recuerdos y mis rumores,
con mis imágenes intactas de niño soñador e ingenuo.

Me fui para seguir, y llego al sitio al que nunca llego, 
estoy en un espacio que no imagino,
en un tiempo que no comprendo,
en un olvido de casi todo,
en un incierto pleno de vida real.

Regreso amnésico de andar 
a mi refugio conocido;
Estos dedos bailando sobre las letras,
estos ojos cansados de mirar,
este pecho caliente y explosivo
que me abraza por dentro sin hablar.

Vivo, al fin, 
viendo que las sombras y las luces salen de entre los huesos,
que aquello que era y es
se amontona en una idea de mí que yo no tengo y me posee.

Vivo sin otra intención que vivir,
sin otro sueño que seguir soñando, 
sin más deseo que seguir amando
levemente,
sin razón.

Pablo Rego - ©2009

martes, 24 de marzo de 2009

Si no canto lo que siento...

 

Tantas veces siento esto.. que me emociona sentir la voz del "flaco" en una disquería de barrio que hay en mi cabeza...

 

Barro tal vez (Luis Alberto Spinetta)

 

Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro
he de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar
si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar
ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo
canción barro tal vez....
y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar
ya me apuran los momentos
ya mi sien es un lamento
mi cerebro escupe ya el final del historial
del comienzo que tal vez reemprenderá
si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar
ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez...
y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar

 

Esta versión es la que yo conocí, cuando comencé a transitar los conciertos en medio de la efervescencia de la vuelta a la democracia en Argentina http://www.youtube.com/watch?v=mWA8A5Fk9Vo

 

Esta es una versión de hace un par de años, el último formato del "flaco" http://www.youtube.com/watch?v=ptvumTzOE3g

 

Dos comentarios:

1) sigo sorprendiéndome con YouTube

2) Larga vida a Luis Alberto Spinetta!

 

sábado, 21 de marzo de 2009

"No se desesperen"


 

Esta letra es de uno de mis grupos de música favoritos de todos los tiempos. Quizá una de las razones sea que fue el primer grupo de rock que vi en directo, pero también porque sonaban y suenan como pocos. Sí, claro, no sólo mío, pero la verdad es que cuando con el correr de los años hay pensamientos que sguen vigentes, es justo destacarlos. Coincido, sobre todo en estos tiempos, con la visión constructiva y liberadora de canciones como ésta (a quienes no conozcan a Los Abuelos de la Nada, les invito a escucharlos)  

 

No se desesperen (1983)

(Los Abuelos de la Nada)

 

La tristeza, no camina,
la alegría, todo el día...

Sobre un arco iris nace tu esperanza ya,
no tengas dudas pronto brillarás,
críticas injustas, juventud sin unidad
es todo un verso, lo demostrarás

 

Tira las palabras finas que no sirven más,
guarda las sabias, son las de verdad

No se desesperen locos si algo sale mal
no se detengan hay que ir a más,
no se desesperen locos si algo sale mal
no se detengan…

La energía, nuestra amiga,
no respondas, porquerías

Brillará tu alma alejándose del mal
cuando te ocupes de la humanidad,
demostrarás que tu amor es grande y de verdad
cuando abandones la mediocridad

Un rey verdadero, sabio y justo erigirás
si tu energía no tira para atrás...

No se desesperen locos todo va a andar bien
ninguna bala parará este tren.

lunes, 2 de marzo de 2009

Poesía XXXVI

Búsquedas perdidas

 

La soledad,

a veces conocida, a veces necesaria,

habita en las esquinas, en los bares,

en las mesitas de noche y en los hospitales.

 

El temor se lleva las sonrisas

y regresa por los sueños y la libertad.

El dolor se queda con la fe

y dibuja un mañana urgente, irreal.

 

Todos buscando los colores

en la monocromática urbe,

pero abundan las monedas en las manos

y escasean las caricias.

 

Todos provocando ansiedades,

resultados para algo siempre nuevo,

pero los corazones se fragmentan

y los niños ya no juegan.

 

La soledad persigue  a quienes huyen:

en la calle, a los que van y a los que vuelven,

en la noche, a los que tejen fantasías,

en el día, a los que no comprenden el ritmo de sus pasos.

 

La violencia de elegir a las personas

inspira encierros y refugios,

el orgullo y la fantástica convicción

esconden la verdad y la sabia tolerancia.

 

Todos buscando mágicas recetas

en las letras que repiten lo que ignoran,

desechando las voces más cercanas,

las del norte que nació con cada quien.

 

Todos corriendo hacia el abismo,

ignorando las virtudes del vacío.

 

El silencio, esa máxima verdad,

se lo lleva todo, mostrándonos al fin

nuestro destino.

 

Pablo Rego - ©2005

domingo, 21 de diciembre de 2008

Inútil (Poesía XXXV)


Había estado tiempo fuera del mercado productivo y al llegar a España comencé a trabajar en una nave industrial. Tenía en mí la frescura que me provocan mis prácticas espirituales y artísticas a las que estuve dedicado por completo antes de mi mudanza. Estaba extremadamente sensible a lo que veía a mi alrededor. Era mayo de 2006...

Inútil

He logrado ser, al fin, inútil.

Me lo hacen saber las cosas y los hombres que hacen,
que no escuchan ni miran porque no detienen su marcha hacia los hechos.

En mi prehistoria me intrigaban los caminos y los modos,
los pasos y las herramientas para hacer felicidad.

La prehistoria me rodea en esos hombres, en las ciudades, 
en los sistemas, en las certezas y en las corduras.

Las manos útiles hacen y hacen y se deshacen,
las vidas-cosas se queman como leños en la hoguera del miedo,
y la implacable... la pálida y eterna, los asusta y los ausenta.

Nacimiento de una historia.

La simiente inaprehensible
despertó su germen de conciencia desplegando su poder.

La luz del ayer y del hoy de poco sirve, poco interesa.

Lo intangible no golpea ni perfora ni adhiere,
lo inexplicable no se suma, no se usa, no se vende,
y el alma presente es una verdad inútil.

El hombre consciente es un torpe obrero,
la pequeñez de las cosas, de lo usable
domina los ritmos cotidianos, ínfimos y serviles,
en su absurda y efímera utilidad. 

Pablo Rego ©2006


Poesía de Eva

 

El comentario de mi querida amiga Eva me provocó revisar la publicación de la poesía que le dediqué a ella tiempo atrás. Creo que tenía menos equilibrado el centro expresivo, aunque ahora puede que lo tenga demasiado funcional y genere desnudeces no deseadas. En todo caso, "nunca es triste la verdad"... este es el link a la poesía que "la gallega" me inspiró en aquel fin de semana tántrico con almuerzo incluido  que todos recordaremos siempre... http://pablosinfronteras.spaces.live.com/blog/cns!8F775240FBCA73D5!697.entry

 

martes, 16 de diciembre de 2008

Poesía XXXIV


 

La vida nos regala momentos hermosos... y hay personas que los generan, que los motivan con su energía. Uno de mis grandiosos compañeros del curso de Tantra me inspiró a escribir por su sensibilidad.

 

 

La fuente del amor

(para Gustavo, de esencia a esencia)

 

No puedes responderte dónde está

porque sus aguas te nutren cada día.                   

Eres lo que fluye en ella, cada gota que salpicas.

 

Cultivar lo que te ha sido dado para que se difunda,

la luz del universo se proyecta en tus gotas como lupas;

nos has regado y nos riegas con tu esencia ¿para ti algo esquiva?

 

El vuelo hacia tu plena alegría atraviesa nubes negras;

con su luz de diosa y de faro

la luna ilumina horizontes para que vayas danzando.

 

Discurrir por los senderos que ofrece la vida,

bajar porque es preciso para llegar hasta el mar,

desembocar en la plenitud del agua infinita de manos abiertas.

 

Todos los cuerpos iluminados se tornan invisibles,

todos llenos porque estás lleno de ello,

todos en la luz, porque la luz emana de la fuente que en ti vive.

 

El silencio es un espejo amistoso

que te abraza sin pedir permiso para ayudar-te,

para que puedas mirar-te, para que puedas amar lo que no es dado a tener.

 

La libertad te dará alegría siempre

porque el agua de tu fuente del amor

fluirá con tu dar sin fronteras

que hoy vive en mí como en los otros.

 

 

Pablo Rego ©2008

domingo, 16 de noviembre de 2008

Mis noches (Poesía XXXIII)

En noches de soledad me quedo conmigo, con mis ausencias doradas,
quizá te espero, quizá me muero un poco para recordar lo hermoso de la vida.
Recorro el camino desde el comienzo mirando los baches de silencio,
me siento en medio de las sombras a sentir quien soy de todas formas.
 
En noches de olvido el frío me abraza desde siempre,
no sé como es, pero lo siento, lo conozco y no lo entiendo.
Los restos de un mundo arrasado se ven como en un film pasado,
todo es gris y muerto, recuerdos ausentes de espaldas sin alas.
 
En noches de melancolía el pasado intenta rasgarme los pies,
una llama intensa quiere purgar mi alma quemando mi ser concreto.
El cielo que se une al horizonte puede ser muy dulce
y el eco de lo que pasó aunque duela ya no existe.
 
En noches de amor la luz se apodera de todo,
mi cuerpo se eleva, estalla, danza libremente sobre tu cuerpo vivo.
La alegría y el silencio son tan grandes que no hay pensamiento,
hay vuelo, hay visión y claridad, hay verdad, un solo estado y presente.
 
En noches de sueños el mundo tiene colores brillantes,
el cielo no tiene límites, el mar está calmo esperándome y viajo.
Todo fluye y funciona, la alegría está en los rostros que me miran
porque sueño que el mundo es ideal… ¿y por qué no?
 
Mis noches contigo son otra cosa…
 
Son imposibles posibles, deseos que crecen, alegría silenciosa,
estados alterados sin poder atravesar cristales, son vuelos invisibles,
horas sin medidas en un espacio partido frente a mí,
construcción posible de un mañana sin cálculos,
viviendo el presente que nos toca sin tocarnos.
 
Pablo Rego - ©2008

lunes, 10 de noviembre de 2008

Recuerdo de la oscuridad pasada (Poesía XXXII)


Recuerdo de la oscuridad pasada

Hieren mi luz los fantasmas de mi ser más primitivo, viven en mí, latiendo y esperando el alimento que los sacuda y los despierte.

Imagino el sol, los verdes y los colores fuertes de las flores, 
el mar, algo blanco y luminoso, la paz, el silencio,
se imaginan en mí seres oscuros, mi propia oscuridad, lo inesperado, lo insoportable,
el dolor que desprende los anclajes del puente mágico, el desconsuelo.

No existen los motivos para dejar ser a esos fantasmas,
sin embargo aparecen porque están, me avisan, me recuerdan que una vez fui un ser guerrero, quizá un sangriento luchador, quizá un hermético soldado;
La sangre no me es extraña, ellos me lo recuerdan.

Mis ojos ahora ven con claridad lo que ven.
De donde vienen mis recuerdos no es al sitio al que voy,
el amor es mi bandera, la mano abierta, la tierra libre, el sol.
Floto sin armaduras y sigo los latidos que susurran aires nuevos. 

Pero ellos están ahí, porque me habitaron una vez, porque fueron gobierno de mí,
con sus obras y sus actos, con sus olvidos y su derrota.
Les recuerdo quien soy ahora, me lo recuerdo, no les gusta y me alertan:
Soy guerrero, pero de la libertad, desde la libertad para lograrla… 

No se olviden...

Pablo Rego - ©2008

lunes, 20 de octubre de 2008

Poesía XXXI


 

e-nredader@

Una enredadera arrastra sus fuertes hojas verdes por los rincones de mi habitación. La madrugada, las flores rosadas colgando de las ramas serpenteantes de la planta ofidia que rodea mis rincones en esta noche.

Los latidos de mi corazón dicen lo mismo que en aquellas noches, insisten en salirse de mí, en vibrar junto a la costa marina, en ondear hacia la otra orilla cantando su ritual de vida intensa.

Las estrellas que no veo fuera se colaron una a una por la ventana. Los sueños no se escapan, pero las estrellas del cielo sí, vienen a contarme que hay un sol que es hijo del no- tiempo y que la luna te ve mientras me ve, y está el silencio del infinito rodeándonos.

Tanta oscuridad en la noche para los marineros sin amor perdidos en medio del océano, tanta luz en medio de la nada, tantos soles que ahuyentan la noche profunda y te traen hasta mí, sonriendo y susurrando, penetrando mis dominios con arte y verdad.

El árbol se cruzó con la serpiente, sus ramas se transformaron en largos brazos enredados que reptan hasta aquí. El pájaro dejó su huella y entregó su mirada de espejo, quizá sea águila, pero no lo dice.

Danzan las almas. Que la música no pare, que los besos de cristal y la piel de los duraznos  construyan abrigos y esculturas a lo largo del mundo para unir los destellos luminosos que quedaron dando vueltas en la órbita más trascendente del encuentro.

Pablo Rego - ©2008

domingo, 29 de junio de 2008

Poesía XXVIII


La mujer del paraíso (para Eva)
 
Vive el viento en tu cabello,
escribiendo un mensaje en tu rostro iluminado,
tu presencia de luz viva
atrae al sol en  tu pecho liberado.
 
Miras en tus ojos de turquesas
un mundo recreado y libre al fin,
nuevos caminos hacia el horizonte,
nuevos pétalos brotan en tu piel.
 
Pintas con tus manos en el aire,
tu corazón de aroma a flor de iris.
Iluminas con tu risa hechicera
los rincones salpicados de pasado.
 
Eres niña, inocencia de verdadera mujer,
eres cómplice del árbol, eres miel, eres juego sin reglas, eres luz,
eres sueños recreándose en su crecimiento,
eres diosa eterna, eres búsqueda de la verdad.
 
Una paleta de colores brota de tu alma
desparramando destellos de alegría.
Se alegran los frutos de la vida,
sonríen los que miran, los que dan.
 
Danza como sabes, hija del viento,
transita tu sendero de hojas nuevas,
sabrás que el hallazgo que tu sabes
desbordará la copa de la vida
y dará infinito amor a quien sepa recibirlo.

 
Pablo Rego – ©2008

martes, 29 de enero de 2008

Agrio Silencio (Poesía XXIV)


 

Agrio silencio

 

Tengo un mensaje para ti,

palabras que he dicho muchas veces hoy,

pero debo callar y no sé cómo,

es necesario un silencio que me ahoga y te aleja.

 

Porque mis señales se vuelven proyectiles,

mis deseos se mezclan con los tuyos,

tus sospechas se transforman en certezas

y se gestan huracanes, todo vuela... y mi cabeza.

 

He visto ante mis ojos el devastador efecto de mis holas,

el silencio que sucedió a mis tormentas,

las piezas del juego caídas levantándose otra vez,

un mar de corazones escondido en el silencio.

 

Ascienden las palabras por mi pecho,

se ahogan en mi garganta rígida,

se mueren en mi boca cerrada por precaución

y regresan al estómago, y regresan a mi boca...

 

Trágicas, dramáticas, ridículas escenas

se recrean en mi cine de espectador solitario,

llantos absurdos, cálculos intrascendentes,

caricias de lenguas bífidas, y horrores mentales varios.

 

Los sueños despiertos por mis dichos

se volvieron catacumbas del cariño,

y mis manos se quedaron con la muerte del vacío,

y mis besos huérfanos de amor.

 

El cristal de las vidrieras tiembla otra vez,

mi puño, mis puntapiés, mi explosión, mi destino

me empuja contra el vidrio que sé que estallará,

pero algo dice en mí: “que sea en silencio”

 

Tengo un mensaje para ti,

pero debo callar y no sé cómo.

 

Pablo Rego ©2008

lunes, 21 de enero de 2008

Cuento I

 


Salto a la nada.

Rashid quería que su vida tuviera un final destacado, que llamara la atención, quería dar un último golpe de impacto y que su nombre apareciera en la primera plana de los periódicos de París.

Su corta existencia no había sido placentera ni satisfactoria para él. Su infancia en un barrio de las afuera de la ciudad no había sido especialmente feliz. Su familia había heredado los complejos de los inmigrantes, todos hijos en tierras extrañas, venidos de Argelia y trasplantados a una sociedad que había sido amable a medias con ellos. Rashid era tercera generación de esta familia recreada en tierras extrañas, pero su barrio estaba signado por su cultura y la religión musulmana de la que formaba parte.

Él, sus hermanos y sus primos asistían cada día al colegio como todos los niños franceses, compartía las costumbres sociales y sentía el mismo deseo de relacionarse y de compartir que el resto. Había tenido que aprender que su nombre, su aspecto y el barrio del que provenía marcaban su cotidianidad de una manera que no siempre era agradable; en muchas ocasiones llegaba a ser desagradable.

Los niños de su entorno vivían todo aquello con una naturalidad que provenía de unas reglas de juego que sus familias habían sabido asumir y enseñar con el tiempo. La sensibilidad de Rashid era diferente. Lo que a otro podía parecerle normal o intrascendente, él lo vivía con un profundo dolor y una sensación de injusticia que le perforaba el alma sin anestesias posibles.

Con el correr del tiempo el niño convertido en muchacho percibía los aspectos más profundos de las personas y pronto se vio atraído por una hermosa adolescente de familia tradicionalmente  parisina. Aquel episodio le significó el primer revés del amor, pero también un duro golpe a su autoestima y a su forma de vivir en esa sociedad.

Condenado por la sociedad a elegir amigos, mujer y trabajo dentro del entorno de su cultura Rashid desarrolló un fuerte resentimiento hacia todo lo que lo rodeaba. Discutía a menudo con sus padres y hermanos más grandes, rechazaba muchos de los parámetros que el colegio secundario le brindaba como normas fundamentales de desarrollo y convivencia y la incomodidad que padecía cada día por no sentirse libre lo convertía en un incomprendido.

Pasados sus veinte años de edad, Rashid había construido una personalidad que no encajaba ni en el seno de su cultura ni en el resto de la sociedad. Deseaba lo que le había sido negado por cuestiones raciales y religiosas y rechazaba su sensación condicionante de ciudadano de segunda clase. No conseguía los empleos que quería y los que parecían ser para él le provocaban una rabia que crecía con cada comentario u oferta.

Pero su actitud no le había resultado de gran ayuda para crecer y llegar a encontrar las herramientas necesarias para competir en una sociedad que sólo le proponía reglas de juego que no le eran útiles a sus circunstancias. Sumido en un estado de complejidad emocional y conductiva su mente estaba ocupada por muchos conflictos que no tenían solución para él. La ayuda que le ofrecían no le servía de mucho y no obtenía la que necesitaba.

Una mañana salió a recorrer la ciudad. Anduvo por los sitios que solía visitar desde pequeño y siguió andando rumbo al centro. Miraba los modernos edificios de la zona financiera, los escaparates de las tiendas más lujosas, el movimiento de los miles de turistas que invaden París cada día, recorriendo el Sena de un extremo al otro, inundando los edificios y los parques, formando parte de una realidad que Rashid, en su propia casa, no llegaba a comprender.

Sentía curiosidad, deseaba saber lo que no sabía para entender, quería comunicarse de una manera correcta con la gente de una sociedad que lo contaba, pero que no lo incluía. Y en medio de un aturdimiento plagado de preguntas sin responder llegó a la conclusión de que su vida no tenía valor. Se convenció de que su familia no lo comprendía y no lo echaría de menos por su comportamiento conflictivo. Pensó que vivir era el castigo más grande que podía haber sufrido en esta existencia. Y miró el funcionamiento de la sociedad.

Frente a la torre Eiffel se quedó mirándolo todo. Los autobuses descargaban a cientos de personas que hacían colas interminables para ascender al monumento. Sonreían ante las cámaras de foto. Gritaban. Corrían desaforados para llegar a disfrutar de un paseo que Rashidn nunca había sentido que le correspondiera.

Luego de observar por unas horas todo aquello pensó que él nunca había leído o escuchado la noticia de que alguien hubiera saltado desde las alturas de la torre y pensó que sería una forma de dejar en claro su pensamiento ante todo el mundo conocido por él. Pensó que saldría en la prensa, que su imagen o su nombre llegaría a su familia a través de las noticias, que la sociedad se impactaría al ver la noticia de que un hombre había saltado desde el monumento al turismo parisino que quedaría manchado de muerte, que se volvería interesante por una cuestión humana, que cobraría otro aspecto a partir de ese entonces.

Esa tarde regresó andando a su casa mientras continuaba recorriendo los diferentes barrios glamorosos de París. Y mientras andaba afirmaba sus valores e ideas recientemente adquiridos por él desde el propio círculo vicioso de su mente. A la mañana siguiente abrió el bolso de su madre y tomó el dinero preciso para ascender al segundo piso de la torre desde donde la altura es suficiente para morir en la caída. Recorrió las mismas calles que el día anterior, esta vez más decidido y con un paso más firme. Con el fío y brumosos clima del invierno parisino a orillas del Sena hizo la cola para entrar a la torre. Sacó el ticket e ingresó por primera vez en su vida a la zona de visita. Esperó su turno para subir al ascensor y accedió por fin a la segunda planta junto con el grupo de turistas de ese momento. Decidido y a gran velocidad trepó ágilmente por la reja de seguridad y ante el asombro de unos y el horror de otros se detuvo en el preciso instante que apareció ante sus ojos la majestuosidad de la ciudad que admira todo el mundo y que para él había sido su cárcel, su condena desde siempre.

El griterío de los presentes se sumó a los imperativos de “¡bájese!” del personal de seguridad. La tensión en su interior aumentaba cada vez que se planteaba el momento exacto del salto. La gente desesperaba con cada gesto o amague. La confusión se apoderó de todos, también de Rashid que ante su propia desesperación y decisión tuvo la reacción que se había forjado en él durante toda su vida.

Saltó.

Los turistas habían sido apartados del lugar. Salvo el personal del lugar, nadie lo vio saltar. Ni la televisión ni la radio ni el periódico publicaron esa noticia. Nadie reflejaría tan desagradable asunto justo en el sitio símbolo de la ciudad, para muchos, más hermosa del mundo.

Pablo Rego - © 2008

domingo, 6 de enero de 2008

Poesía XXIII

 


Del otro lado

 

Puedo verme, al fin, del otro lado,

con una verdadera soledad por testigo,

con un fuerte deseo de un sueño vivo por guía,

destramando los disfraces de fina confección de acero.

 

Puedo recordar lo que susurros me pidieron,

lágrimas, silencios, portazos, abrazos,

ensayo un mudo ademán en consonancia

y escucho  lo que entonces esas voces me decían.

 

Canto la canción desesperada de los amantes ignorados,

dibujo con mis dedos en el aire los paisajes que siento solitario,

sigo con mi mirada simple el camino de las hojas del otoño

y recuerdo, y ando silencioso sin pedir aquello que pedía.

 

Los astros se acomodan, danzan sin pensar, no se preguntan,

los hombres, como astros, se adhieren a sus vidas aparentes,

pero con miedo... a la muerte, a la soledad, al final...

a la vida que no está escrita... que no se ve con los ojos del silencio.

 

Desde mi bosque oscurecido por la noche que retorna

veo las casitas refugiadas entre el frío ausente de lo humano.

Lucecitas que proyectan ráfagas de un ensueño luminoso

llegan a mis ojos, modifican las sombras, suman un cuadro a la ficción.

 

El oro sigue brillando porque es ese su destino,

el amor es un dulce fruto que sabe verdad y a incertidumbre,

la vida es un leño que arde según el árbol de su vida...

no quiero ver con otro ojos que los míos, no puedo.

 

No brilles para mí ni para otros, no actúes siempre,

no dejes huérfano el viento que lleva tus palabras,

no corras a los precipicios para regresar ante el vértigo

no huyas de tu destino, no te ignores; mírame, mírate.

 

Yo viví verdaderas fantasías sugerentes y engañosas,

anduve de verdad sobre las nubes y volé siempre que pude,

fue cierta la visita del amor cada vez que amé, y mi fe,

 y la falta de fe de los ojos que me ven sin mirar el horizonte.

 

Como un veneno que sube lentamente desde la tripa

veo escenas falsarias, teatrales, figuritas de plástico modernas,

veo almas confundidas en sus cuerpos, cuerpos que se ven,

cáscaras humanas que esconden corazones y ocultan sentimientos.

 

Huesos y suspiros, latidos de todos los tiempos, mis manos de siempre,

la esperanza cansada y vieja, los sueños vividos y los olvidados, La verdad:

Todo del mismo lado, del mío, del que se va y se queda conmigo.

En la otra orilla estoy mirándome y, quizá, ignorando el amor amargamente.

 

Pablo Rego © 2008

sábado, 22 de diciembre de 2007

Poesía XXII


 

Abismos cardiacos

 

¿Qué espíritus desparramados por el éter pueden conocer las desgracias de su pertenencia a unos cuerpos pobres, terrenales y confusos?

 

El hambre de los estómagos, el miedo primitivo de la muerte, la pena insoportable del olvido manipulan los pasos temblorosos.

 

Los sueños en imágenes mentales crean atmósferas de aciertos. Los ojos ven hasta su alcance, las manos agarran lo que tienen cerca.

 

 ¿y las almas?

 

Matemáticas madres de terremotos espinales, venenos egocéntricos que secan los órganos, destrozos de los primeros huesos contra los cristales de las avenidas.

 

Nunca será cierta esa promesa: la que dore los oídos, la que cierre las historias, la que asienta compasiva, la que extienda una alfombra de flores frente a ti.

 

El cuerpo se arruga, la sien se relaja, la mierda de los siglos transpira por los poros de la piel, las uñas se acortan de tanto rasgar paredes.

 

Sí, al final es posible entender. Al final se verá todo lo que no era. Los finales achican la salida.

 

Al final...

 

Los grandes monstruos humanos sin tiempo lo devoran todo; hasta los sueños pequeñitos, hasta el simple sol que penetra por las retinas inocentes.

 

Pablo Rego ©2007

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Poesía XXI


 

Puertas sagradas guardadas.

 

Siempre estarás abriendo esa puerta,

junto al marco repleto de flores de los sueños,

mirándome a los ojos y hacia tu propio destino al mismo tiempo.

 

La belleza vendrá a mí desde el fondo de tu alma,

derramando destellos de luces de colores para todos,

guardándote tus primeros tesoros en una  bolsita cercana al corazón.

 

Temblarán por siempre mis sentidos, mis recuerdos,

faltará en algún lugar el aire que nunca respiré,

y veré que otras aguas, otros soles, otros tiempos, cambiarán cada presente.

 

Seré recuerdo, sonrisas y lágrimas,

serás el centro de tantas vidas,

seré olvido, pasado, pensamiento, seré quizá un soplo en el horizonte.

 

Tienes las llaves de tantas puertas...

También la de una oculta, que duerme entre enredaderas de humo,

una llave que nadie encontrará, que nunca podrán ver los ciegos.

 

Dialogo con lo que queda de ti en mí,

no sé cuanta verdad encuentre, no sé si haya, no la busco.

Te veré así siempre, te escucharé y quedaré suspendido en un silencio posible.

 

Pablo Rego (2007)

sábado, 3 de noviembre de 2007

Poesía XX


 
Desbúsqueda y desencuentro
 
Cuando te busco no te encuentro;
Mis vacíos se añejan volviéndose sabios de silencio.
Cuando te encuentro no te busco;
Me hallo perdido en los laberintos de mis días.
 
Presiento tus movimientos invisibles,
me engañan mi deseo, mis traslados inertes.
Conozco tus latidos, tus pasos,
me olvido de pensar, de concluir.
 
Voy hacia ese sitio inmortal, siempre,
pero desconozco la ruptura de un tiempo.
Me enredo en los codos de la mente
e imagino una realidad ausente.
 
Soy un niño soñador alejado de sus sueños,
un amante respetuoso de las formas del dolor,
una bestia que nació de una magia sin manuales,
un marino que surca los mares del olvido...
 
...que al llegar a esas costas sensibles,
cuando el sol de todos los porqué enrojece,
quedas tú, luminosa en mi recuerdo,
sin teletransportación presente, sin realidad aparente.
 
Amarrado en el último peñón del estrecho de mi muerte,
susurras tus cantos telepáticos a mis oídos.
Deseoso de hundirme en mi soledad
no me verás derramar mis lágrimas de piedra.
 
Cuando te busco no te encuentro
y más me inspira tu ausencia.
Cuando te encuentro no te busco
y más escurridiza te vuelves a mis manos.
 
Pablo Rego - 2007