martes, 13 de mayo de 2014

Relajación (Poesía LV) Poesía + Yoga



Inspirado en tod@s mis alumn@s,
en ese momento mágico
al finalizar la clase de Yoga.

Las ondas líquidas del cuerpo se desvanecen.
Suavemente el cristal comienza a brillar,
la luz transparenta la materia,
el diamante mira, escucha y suspira.

La comunidad humano tiembla,
se estremece un poco, menos, pesa, se aletarga.
El planeta te lleva hacia sus entrañas
y el suelo te detiene por estar.

Veo tu espíritu, a veces doliente,
tus deseos, tu alegría,
veo el velo de tu mente corriéndose de apoco,
tu cuerpo olvidado, al fin, un rato.

El universo fluye pasando las barreras,
entrando y saliendo de tu ser, de tu cuerpo.
El alma se distiende en un momento de quietud.
Sonríe la luz, sonríes.

Las líneas que te retratan cambian sus recorridos,
ojos que miran los destellos, cerrados y serenos,
Ojo que proyecta la consciencia, la intuición.
Tus labios se abren para saborear el cándido abrazo del universo.

Se van, se distrae de sí la mirada atenta,
los cálculos, el miedo, la ansiedad.
Veo en tu expresión la satisfacción de estar en el mundo,
en este instante de pura claridad.

La belleza de cualquier rostro en todos los rostros,
la serenidad dibuja pómulos como costas de lagos,
labios como cataratas, ojos como copas de árboles,
frentes como salinas, como desiertos acariciados por el viento.

Una y mil veces he visto y veré ese gesto,
tallado por la mano eterna de la naturaleza,
cuando el sol entra en la memoria de las almas
y todo se aclara y la sonrisa exclama en silencio su presencia.

La plenitud de formar parte del milagro de la vida,
la liviandad de una existencia sin dolor,
la calma de sentir la calidez de estar siempre en casa,
la paz expandiéndose en el pecho mientras todo es, aquí y ahora.

Pablo Rego ©2014

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Más alma (Poesía LIV)


Más alma

He visto el resplandor más de mil veces
con estos ojos y sin ellos,
he viso el horizonte desde lejos y el sol poniéndose en mis sueños

Soy testigo del silencio cuando las nubes abren paso a la consciencia
cuando más allá de los oídos
el sonido es movimiento y no ruido

Las paredes construidas en mi mente
van formando laberintos,
confusión del andar de los caminos, entre lunas de ensueños y misterios

Entre el humo de creencias demolidas
los ladrillos ideados van cayendo,
contemplando el más acá y el más allá el pasado se hace leve en el silencio

El latido de luz del corazón
atraviesa pulsando por mi calle,
llevándose a su paso el torbellino que oscurece la percepción de mi destino

La Matriz es un monstruo invisible
que mantiene a las mentes atrapadas
que refleja hasta el cansancio las ficciones la cruel ceguera compartida

Se repite la fórmula del tiempo,
la cuenta cotidiana de la eternidad
tomando las medidas de lo eterno desaparecen el cielo y el presente

Mientras nado entre corrientes pedregosas
sé que existe el ritmo exacto,
el perfecto fluir en la materia del río que me lleva el océano de plenitud inevitable

El amor es una balsa,
un traje de delfín habilidoso,
la respuesta del salmón, la intuición, una burbuja brújula de luz

Los muros caen de olvido,
la fuerza que me lleva a la prisión de mi yo
se rinde ante la creatividad, veo desde el centro, sigo todos los caminos en Uno

Los días son semanas o minutos,
los abrazos conexiones ciertas con la unión,
los ojos abiertos son mensajeros del alma del Universo que derrota al tiempo

Incansable en sus señales
la consciencia dibuja puentes donde creo nada,
enciende hermosas lucecitas que no veo o veo sabiendo que lo sé, o no sé nada

Eternamente la luz
al final se manifiesta, siempre,
el camino se ilumina, el amor se hace presente, amanece

Con la mente, con las dudas,
con la gratitud por percibirlo, con la alegría de compartir,
el universo toca su música en mí y resueno en el camino

El escenario se desarma
se expande hasta el infinito la existencia
nada es todo, la sonrisa crece y sé que estoy en el sonido siempre

Alma con tu alma,
aprendiendo a ser más alma
cada día en mi nave de tiempo, en mi yo, que no descansa.



Pablo Rego ©2013

miércoles, 16 de octubre de 2013

Poesía LIII

Una y mil veces, Sí

Quiero siempre ver tus ojos mirando el mismo cielo
sin eclipses de futuro, sin temores de otros seres,
sin sombras que te espíen sobre el hombro
ni voces que te llamen a tu olvido.

La magia se esconde a veces detrás de una tormenta de ignorancia,
pero hemos aprendido la forma de andar este camino.
Lo inmenso es lo cierto porque el día no se acaba
y los siglos de los siglos son segundos de alegría.

Cuando todo se aterriza, el esfuerzo nos empuja,
o el sueño se hace invisible y las escaleras descendentes;
Imposible es que no pase si el fuego enciende el alma
y las dudas del pasado deben irse a la muerte.

Ojos miopes que vuelven a confirmar que quieren ver,
trascender la deformidad del tiempo ahora.
El ancla del laberinto que encierra los corazones
retiene aves de luz en sus entrañas insaciables.

Libres del luto del vuelo
hemos sido y seremos, a pesar de las intermitencias,
de los desmayos cotidianos, del dolor de no saber lo que sabemos,
de ser aves con un rumbo, alimento del amor, hojas que regresan a nacer infinitas.

El pliegue del tiempo ya nos ha encontrado
y buceamos en las profundidades divinas,
cuando la marea de la sinrazón del distraído corazón
nos sacude para recordarnos que estamos vivos, en estos cuerpos de hoy.

Mirando el fondo,
observando  la eternidad que nos precede,
mirame a los ojos esperando que las nubes se disipen
y el sol brille en el centro de mis pupilas y en las tuyas…
ahora…
Agradecer el calor del alma,
la luz del pecho que nos guía
para ver lo que es sabido,
por nosotros,
una y mil veces,
Sí.

Pablo Rego - ©2013

martes, 2 de julio de 2013

Poesía LII

Dibujo de ti

La luz del día se funde en tu piel,
delicadas curvas del color del oro definen la nave que te contiene,
de suave superficie, lo sé, de encanto infinito, lo percibo.

Tus ojos miran el vuelo de los pájaros,
un vuelo a veces cierto, a veces libertario,
inmersos en un brillo de esmeralda que dice más que una boca cuando hablan.

Emana de las curvas entramadas,
entre sombras y luces un territorio de misterio y magia.
La ruta de la serpiente se funde en el fino pasadizo a la cumbre pensante de tu ser.

es detrás, es silueta, el lado oscuro de la diosa de la siesta,
apoyada tu liviandad en los talones,
sobre un mullido territorio que sostiene la espalda y resguarda al final algún secreto.

El día atomizado baña tu rostro y tu pecho,
la energía de todo lo posible en tu universo,
las niñas que mimamos observan erguidas también el horizonte.

Las líneas rectas protestan por su destierro
de ese magnético oasis de belleza,
donde todo ha sido puesto sutilmente para que la vida crezca allí un día.

Se difunde un poco el resplandor de la silueta,
el perfil delgado hacia en el valle de la vida,
mezcla de casa de madre y ombligo de niña escondiendo un poder total y femenino.

Sobre líneas inciertas de los trapos se apoya la figura,
la luz por el frente, por la espalda alas,
cada línea se pierde en un sueño, cada curva gira suavemente.

Colores de lino, de cielo eclipsado, de rosada uva,
para el pelo, fuego; para los pechos pan,
sombras de siestas con persianas, garganta que no llega a gritar…

Un dibujo que llevaría mil retoques,
buscando la imagen perfecta que me queda de ti,
cuando la ilusión común asoma y la búsqueda se lleva el cuerpo de tu alma.

Consigo verte ahí, perfecta para mí,
intento construirte para comprender
lo imposible que resulta poner el universo todo junto en un papel.

Sólo es posible recrear los sentimientos
con la pluma de las alas que los corazones usan
para que el silencio exprese todo en un instante, luminosamente.

Cuando los trazos son invisibles,
cuando lo sientes porque yo lo siento,
cuando la luz te descubre y te dibuja frente mí.

Pablo Rego ©2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

Poesía LI

De extrañarte

El tiempo infante de mi cuerpo inquieto
es un pequeño suspiro ante lo eterno del amor.
Por la distancia, por que mis brazos no te abrazan,
aunque pueda verte luego y estalle la alegría.

Aunque mi consciencia traiga el mensaje del origen
el aroma de tu cuerpo, tu presencia, las caricias en presente,
tu mirada, las sonrisas y el silencio compartido
conmueven a mis células que te buscan, una a una,
cuando la materia deja un hueco en la distancia.

Aunque estás,
aunque sé que una brisa de luz nos acompaña,
que el destino escribió para nosotros El libro de la luz extraordinaria,
que nuestro camino es uno,
el perfecto encuentro de nuestras almas
me recuerda día a día que es así.

Un sutil resplandor contemplativo,
infinito y trascendente de todo lo que es.
La inteligencia de los sentimientos sin fronteras,
geometrías que se forman y se conforman
en olas coincidentes y hermosas del mar que nos acoge.

Las manos no entienden de lo inmenso,
mis ojos viven cuando pueden verte de cerca o de lejos,
toda mi piel sabe que la cercanía nutre, sana y comunica,
y mi pecho que el calor del tuyo completa su universo.

Te extraño, un segundo y días,
cuando el reloj de la materia tarda un siglo en contar una semana,
quiero darte el beso de regreso
cuando crece entre nosotros la distancia,
cuando el ínfimo momento que percibo se hace eterno
deseando que el amor completo brille ahora
y todo el tiempo .

Pablo Rego © 2013

jueves, 21 de febrero de 2013

Poesía L

Amor sin Fronteras

Gotas de silencio,
espacios infinitos desaparecen en la inmensidad.
Materia fundida con formas intangibles
desvanecen los límites y la razón se rinde.

Fluyen los latidos de corazones interminables
que se encuentran en un siempre más allá del tiempo
llegando hasta nosotros mismos
siendo el otro y uno a la vez.

Vibra todo con la luz,
en silencio y resonando con las palabras indicadas
todas las señales y los sonidos,
las formas sutiles y el destino hasta el origen.

Cómo ignorar el llamado de las almas
cuando el momento en el que todo confluye
desvanece las fronteras y maravilla los sentidos,
cuando la oscuridad no puede con la certeza.

Cómo vivir sin ello,
desconociendo en la dimensión de la ignorancia
el poder del amor eterno que se manifiesta en la mirada;
profundo reflejo de las almas conectadas desde siempre.

Fue un susurro venido desde cada rincón del universo,
un manto de estrellas nuevas sobre los hombros.
Son reales tus caricias en mi corazón.
Germina la semilla del árbol de la vida.

La contemplación compartida,
La paz de dormir en la cueva o en la torre,
pero contigo siempre, amor,
la felicidad de saberte cierta, de haberte encontrado.

Al fin nuestras manos se alcanzaron,
el vuelo es compartido al ritmo de los dos.
La realidad, el ideal, lo imaginario
se rinde ante la fusión de nuestras almas.

Los obstáculos son árboles en el bosque, flores en el jardín.
Allí, aquí, en el momento menos claro y en la cresta de la ola,
en el día, en la noche, en el rincón del mapa que nos tenga
la infinitud del sentimiento arrasa la razón y crea  vida.

De una vez,
la virtud comenzó a rodar,
siento nuestros pies andando sobre el agua,
intuyo el camino nuestro, late, brilla, es en mí,
en nuestro ser,
amando.

Pablo Rego © 2013

jueves, 10 de enero de 2013

Poesía XLIX


Abismal y eterno

Densificarse hacia el pozo de las cosas,
el abismo que crece al crecer uno
se transforma en la distancia del descenso al parecer infinito.

El ser etéreo, invisible y eterno,
su cuerpo-nave, su visión clara,
se purifica con la ausencia de los muros de la mente.

Imágenes, deseos, estructuras que se arman por sí solas
mientras el cuerpo se comprime, la distracción hace estragos,
la ilusión adormece y domina y la luz se apaga, lentamente…

Movimiento voluntario hacia el adentro, hacia la cumbre sutil.
A cada instante estar, en cada canción danzar, en cada beso amar,
tomando el sol por el alma, volviendo a él reconfortado.

Imperceptible movimiento hacia el afuera, fuerte debilidad,
de olvido de lo recordado, la ignorancia de lo sabido,
rasgando la materia hasta llegar a la nada que detrás se esconde.

Desde la luz, la que dice, el amor, la fuente que emana alegría,
está todo siempre, estaré y estarás también amor,
liviano, libre, poderoso, total y completo.

El cuerpo, con su mente ciega y abrumadora, con su deseo inhibitorio,
con su sed de cosas, con su necesidad de quedarse, en y con.
Todo es efímero, encierro, tenue mueca de la gloria.

Se cae y se sale, humanamente.
La fe en el poder del silencio, en el amor, en el amado y el amante que vuela,
la alegría, la paz que es en el cuerpo sutil, transparente de sentidos y sentires.

Se aprende a quedarse en el sitio donde la luz está presente,
en el presente luminoso del ser que sabe, que sé, que sabemos,
una y mil veces verá, veré, verán los dibujos de elipses siderales…

Aquí es, sin dudas, el sitio donde estar,
aún cayendo, aún fluyendo, amor al ser y a los seres,
certeza intuitiva que hace eones mira paciente mi experiencia,
y me señala el camino y me acompaña compasiva… otra vez, vuelvo…

 Pablo Rego © 2013

lunes, 24 de diciembre de 2012

Poesía XLVIII


Rocío

De regreso de mi viaje por los siete mares,
de un destino incontrolable, empujado hacia los mundos del misterio
por algún dios decidido a enseñarme lo importante y el camino,
la luz de tu suave caricia me llama a un hogar que no encontraba.

Vuelo, sin pensar, con intuitivos sentidos hacia ti,
bella dama del sentimiento eterno y verdadero…
que entre dulces miradas despojadas de ambiciosas condiciones,
esperaste en la mágica alfombra a que el sol se ponga y comience un nuevo día.

Reconozco en la quietud de mi alma
lo que en mis viajes a los laberintos y al fondo de los mares
mi consciencia conoció, tras el velo de la confusión de antaño;
Entiendo la verdad presente así, lo veo en ti, en tu encuentro.

Un alma que en otras vidas tuve que haber sabido,
un cuerpo que alberga el espíritu certero del amor,
un ser que abarca, que abraza, que salta al vacío del Todo
para recibir a mi niño-hombre, a mi hombre-niño, el de siempre.

Un  rostro que no es sólo tu rostro, es la imagen viva del regazo,
de la madre eterna, de la caricia suave de abuela y de hija,
es la presencia femenina, energía y vientre, corazón y sueño;
La explicación suficiente y sin palabras de la mujer en la vida del hombre.

Nuestras esencias lo saben: existe la eternidad…
y hay perfume, hay suave césped en el suelo de la alcoba,
hay flores en las mesas y las sillas, hay pétalos de terciopelo en un sofá en llamas,
y hay Rocío, que lo endulza todo, que lo nutre noche y día…

El riego sutil, gota a gota, con al naturaleza en tu corazón natural;
Desafío de crecer y atravesar temores niños y pensamientos olvidados
entre el fuego compartido en la selva de las sábanas testigos.
Vuelo hacia el espacio claro de todo lo posible en nuestra nueva nave iluminada.

Paciente espera, sabia y luminosa…
un rocío que ama, un rocío que nutre, Rocío que vuelas junto a mí… y yo contigo…
Bebo tu líquido emocionante, siento tu alimento y tu temblor,
vivo en esta nube de alegría hoy, un hogar reconocido, de dos infinitos sin acuerdo.

Y además sos musa…
Pero más que eso: Diosa encarnada de mi amor.     

 Pablo Rego © 2012

jueves, 28 de abril de 2011

Poesía XLVII

Tan cerca y tan lejos

El calor de las manos que se acaban de soltar

persiste hasta que el aire de la distancia

moldea el recuerdo de una realidad muerta,

sin mano, sin calor, lejos de un corazón.


Los abismos provocados son más fríos que el océano profundo,

el silencio de un recuerdo que no quiere irse

ahuyenta a las gaviotas de alas tiernas

transformándose en película ilusoria de la mente.


No hay realidad que se ignore con palabras,

decir ”el corazón” no provoca los latidos,

el viento se ha llevado todas las palabras,

el día se ha vuelto claro mostrando lo que queda de aquella imagen sonriente.


No hay decepción en la verdad,

el amor es una lente por la cual se mira y se siente,

la realidad compartida no existe sin las manos que se junten

para que el calor reviva entre más de uno.


Tan lejos, tan cerca,

tan nada de un metro a mil kilómetros,

muy soñado el día del poder

intentando no sentir que se ha perdido.


La soga de la claridad ata las manos,

las palabras son acalladas por la mordaza del respeto,

esperar a que la vida deje de avanzar

para que pronto sea aquello que ya fue como si nada.


Pablo Rego- ©2011

viernes, 5 de noviembre de 2010

Poesía XLVI

Percibo, luego existo.

Vivo de sensaciones.

Cuando vuelo hacia lo eterno,

después del viaje al mundo de las cosas

regreso siempre al espacio de las cuatro miradas, de la luz.


Así sé; puedo ver los colores en las cosas,

sentir el sabor y el tiempo sin tormentos,

puedo conectar con todo sin euforias, ni túneles escapatorios;

me recuerdo dando una nueva vuelta en mi espiral.


Entonces veo, entonces creo, entonces brillo con mi propia luz;

se empequeñecen los proyectos en la vieja tierra;

se multiplican los caminos en el sutil mundo de propósitos galácticos

volviéndose  verdaderos a los ojos capaces de ver la verdad del corazón.


Las sensaciones quieren decir otras cosas;

son percepción, son luz, son silencios e inocencia,

más allá de lo que toco con mis manos niñas,

en la realidad que trasciende lo que pienso con mi mente inútil.


Crece así la fe, la sabiduría que habita en todos un poco,

aumenta la confianza en lo ingobernable, la certeza en la conexión,

vuelve a impulsarse lo sencillo y lo profundo,

se manifiesta sonriente el alma y se libra.


Te encuentro en el horizonte para dar la vuelta al mundo, al sol, a la galaxia.

Te encuentro en los puntos de luz sobre nosotros,

sobre los planetas, para ser Uno, para ser todos,

otra vez… hasta quedarnos sin dudar…

Pablo Rego - ©2010

martes, 3 de agosto de 2010

Poesía XLV

Dominique


 


Tu nombre me resuena desde antes de verte por primera vez,


como la brisa indomable del espíritu libre de todos los seres,


y te quiero tanto que no veo en vos aquello se impone sin preguntas,


tu vuelo de mariposa, las alas que te llevan junto a las rutas de tu camino,


mientras me toca aterrizar -en este tiempo- viéndote desde el asfalto frío.


 


Los límites no existen para este amor,


ni las comparaciones ni los pensamientos.


Estás entre mis cosas aunque no estés,


estás en mis sueños hurgando como un ratoncito en mi cerebro,


están ahí todas tus miradas, las de antes y las de ahora.


 


Tu nombre llega a mí desde mis años tiernos;


como el bastión de mis luchas, la esperanza del amor, la inocencia verdadera;


y es también orgullo, alegría; y fue la pena compartida de una distancia odiosa…


y también en un silencioso vacío que aprendo a aceptar…


como el medio en el que flotan los planetas,


cuando la distancia tiene sentido


para que todo siga siendo en su mágico equilibrio.


 


Se va la niña, pequeña, preguntona, inquieta.


Se va la compañera incondicional, la primera.


Se envuelve en la crisálida para volver volando por los altos cielos de la vida,


por los que deseo lleguen a ser plenos, enormes e infinitos,


para tu corazón alegre, parar tu razón imponente, para tu plenitud.


 


Mis manos vacías de tus pequeñeces se inquietan al sentir el aire de tu ausencia,


mi corazón sabe que el tiempo talla las mejores obras y espera,


mi ilusión paterna quiere iluminar caminos, construir refugios,


saber y conocerte más, aunque cueste acomodar las velas en este viento de cambios,


cuando es hora de permanecer en tierra viéndote zarpar con tu navío nuevo.


 


Los límites no existen para este amor,


ni las comparaciones ni los pensamientos.


Estás entre mis cosas aunque no estés,


estás en mis sueños hurgando como un ratoncito en mi cerebro,


están ahí todas tus miradas, las de antes, las de ahora y las de siempre.


 


Pablo Rego - ©2010


 

sábado, 29 de mayo de 2010

Poesía XLIV


  


Ensueño de luz.


 


Tímidos susurros de un no sé qué se olvida de sí,


de un canto a la vida que se canta a sí mismo en la luna nueva.


 


Estrellitas de flamas pequeñas, de luces calientes, fulgor del vacío,


canciones de todos que se han compartido en diferentes eras,


inundan ardientes  colores bronceados de luces de velas,


florido el suelo, invisible afuera, sabrosa sustancia, real y preciosa.


 


Descienden a esta efímera presencia los dioses sonrientes,


porque quieren ser bien recibidos jugando a la danza,


danzando al presente, volando sin anclas,


sonriendo a las manos abiertas, que luzcan teñidas


de corazón sensible, de amor sin receta, del todo y la nada.


 


Porque yo soy todos,


porque el universo no habla sin que nadie escuche;


cuando los estados incondicionados emergen del fondo de los corazones


se escucha la música que está en todas partes,


se estremece el alma, se expanden los cuerpos, se ordenan los cielos…


 


La mar está en calma mirando la noche,


el tiempo se ha ido, se volvió infinito,


el mundo se aquieta y brillan los ojos,


las olas son manos, son cuerpos, son vida,


y todo se enciende en los corazones,


se encienden las bocas, los labios, las risas…


 


Luz de horizonte cercano.


Un mañana de amanecer silencioso


Ilumina el mundo,


calienta las almas…


 


 Pablo Rego - ©2010