martes, 15 de octubre de 2013

Poesía LIII

Una y mil veces, Sí

Quiero siempre ver tus ojos mirando el mismo cielo
sin eclipses de futuro, sin temores de otros seres,
sin sombras que te espíen sobre el hombro
ni voces que te llamen a tu olvido.

La magia se esconde a veces detrás de una tormenta de ignorancia,
pero hemos aprendido la forma de andar este camino.
Lo inmenso es lo cierto porque el día no se acaba
y los siglos de los siglos son segundos de alegría.

Cuando todo se aterriza, el esfuerzo nos empuja,
o el sueño se hace invisible y las escaleras descendentes;
Imposible es que no pase si el fuego enciende el alma
y las dudas del pasado deben irse a la muerte.

Ojos miopes que vuelven a confirmar que quieren ver,
trascender la deformidad del tiempo ahora.
El ancla del laberinto que encierra los corazones
retiene aves de luz en sus entrañas insaciables.

Libres del luto del vuelo
hemos sido y seremos, a pesar de las intermitencias,
de los desmayos cotidianos, del dolor de no saber lo que sabemos,
de ser aves con un rumbo, alimento del amor, hojas que regresan a nacer infinitas.

El pliegue del tiempo ya nos ha encontrado
y buceamos en las profundidades divinas,
cuando la marea de la sinrazón del distraído corazón
nos sacude para recordarnos que estamos vivos, en estos cuerpos de hoy.

Mirando el fondo,
observando  la eternidad que nos precede,
mirame a los ojos esperando que las nubes se disipen
y el sol brille en el centro de mis pupilas y en las tuyas…
ahora…
Agradecer el calor del alma,
la luz del pecho que nos guía
para ver lo que es sabido,
por nosotros,
una y mil veces,
Sí.


Pablo Rego - ©2013